Dicen que el AMOR de verdad llega cuando uno menos se lo espera, cuando no se busca o, quizás, en el momento más inoportuno y cuando menos preparados sentimos que estamos pero… ¿ quiénes somos para juzgar si es el momento idóneo o no si todo forma parte del TODO y, a la vez, de la NADA ?

Amar intensamente y ser felices en el intento requiere de voluntad y deseo … ganas de vivir y querer con todo el corazón ya que amar a medias tintas es como estar más lejos que cerca del alma del otro y eso sólo puede producir desconexión y deslealtad con nosotros y con el otro.

Para poder disponer de esa libertad de experiencia y sentimiento auténtico, sin fachadas ni versiones egoicas se debería de tener el valor y entrega de poner el foco de nuestra energía vital, espiritual, afectiva y sexual en el otro independientemente del acuerdo o compromiso que exista. Cuando tenemos frentes sentimentales abiertos, que además en la gran mayoría de casos por no decir en casi todos ya se sabe con certeza de antemano que no va a haber un proyecto común a largo plazo ni vamos a poder manifestar todo nuestro amor hacia el otro por el motivo que sea ya que no nos hemos planteado la exclusividad hacia la persona … nos restamos libertad, nos privamos de valor hacia nosotros mismos, perdemos energía vital para las cosas importantes que podemos compartir y nos desubicamos inconscientemente de nuestra naturaleza.

Nos alejamos del sentimiento de querer que hemos estado buscando cual personaje desesperado en las múltiples relaciones donde cada “pareja” te ha podido sólo aportar parte de lo que focalizado en una sola pareja puede abarcar y manifestar pero nosotros no integramos ni sentimos porque no estamos centrados.

No importa la situación del otro ni lo que suceda en el futuro ( total, no vamos a poder controlarlo en ningún momento tampoco ) … pero si queremos atraer experiencias profundas y reveladoras primer sé honesto y sincero contigo mismo: quiérete, respétate y acógete en todo momento con mucho cariño.

Cuando ponemos nuestro contador a zero o, en su defecto, nos focalizamos a una sola experiencia amorosa sin que ello implique más compromiso, tiempo dedicado al otro o pretensiones nos sirve para descubrir nuestra verdad vinculada a nuestro Ser y esencia. Aquí nace nuestra LUZ que nos ilumina el camino, nuestra guía que hace fluir cualquier posicionamiento o decisión desde el amor incondicional y libre de expectativas ni condicionamientos…

Sin distracciones, influencias ni pretensiones entramos en una nueva comunicación con nosotros mismos a través del otro donde siempre nos hace de espejo y en una relación de confianza y sinceridad puras el aprendizaje y la reinvención están aseguradas. Evolucionamos individualmente y, consecuentemente, hacemos evolucionar al otro y a la relación. Que tu espejo sea tu GRAN MAESTRO.

Este vínculo crea una unión de alma

 



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