Quiero compartir contigo un trocito de mi historia personal porque pienso que refleja algo que muchas mujeres también están viviendo y espero que te pueda ayudar.

Mi vida como una mujer frustrada y agobiada

Con 38 años yo vivía una vida que de cara hacia fuera parecía perfecta o incluso ideal pero que por dentro era muy diferente.

Llevaba por aquel entonces 15 años de casada, con dos hijos y mi propia empresa en la que trabajaban unas 10 personas y generaba un buen dinero y mucho trabajo.

La realidad mía interior era que me levantaba ya estresada, pensando en todo lo que tenía que hacer ese día, eso si no me había pasado la mitad de la noche en vela ya organizando todo lo que iba a hacer al día siguiente.

Desde que estaba en pie comenzaba a correr, a conseguir que los niños se fueran rápido al colegio para así yo poder, lo más rápido posible, ponerme a trabajar.

Por la noche era lo mismo, mi meta principal era conseguir que cenáramos todos para así poder acostar a los niños, organizar el día siguiente con mi marido para luego poder sentarme de nuevo frente al ordenador y seguir trabajando.

Me pasaba muchas de las horas de trabajo muy tensa, o bien corrigiendo lo que otros hacían, o cambiando cosas y pensando en todo lo que tenía que hacer para que el trabajo funcionara.

No tenía tiempo para hacer deporte, ni mucho menos para irme a tomar un café con alguna amiga, para leer libros, bailar o hacer cualquier cosa que no estuviera relacionada con algo productivo.

Este ritmo de vida hacia que estuviera muchas veces irritada, les gritaba a mis hijos, no tenia paciencia con mis compañeros de trabajo y mi marido me molestaba y lo juzgaba lo cual me llevaba a tener poco contacto con él.

Nuestra relación se limitaba a gestionar las cosas prácticas de la familia pero no teníamos momentos de intimidad, de conexión y de disfrute. Yo sentía muchas veces que el mundo estaba en contra mío y que yo tenía que luchar muy fuerte y trabajar duro para conseguir todo lo que quería.

Me volví muy dura, no sólo con los demás sino, sobre todo, conmigo misma.

Y la verdad es que para serte sincera, yo no era consciente de lo tensa y lo mal que estaba. Las cosas fueron empeorando poco a poco pero no me di cuenta, me parecía normal estar estresada y muchas veces me decía “la vida es así, es dura y esto es lo que hay”. 

Aquí quiero hacer un pequeño paréntesis para reconocer que en nuestra sociedad está tan aceptado que tenemos que sufrir y que eso es normal que nos cuesta mucho imaginarnos que la vida, mi vida, puede ser fácil, que puedo estar relajada, que puedo disfrutar de mi trabajo, de mis hijos, de mi pareja, de mi misma.

Igual te estarás preguntando ahora qué cómo hice para salirme de esa vida y cambiar por completo mi situación y cómo yo me sentía.

Cómo conseguí ser una mujer llena de vida y relajada

No te voy a contar que el proceso fue fácil porque te mentiría, tampoco fue rápido, pero fue posible y ahora mismo no soy para nada la persona que era antes. Me siento casi todo el tiempo relajada, en paz conmigo y tranquila.

Casi no grito nunca, no estoy estresada, no tengo prisa, hago las cosas con tiempo y tengo una relación de pareja que realmente me llena, amigos a los que veo de forma regular y tiempo para leer, bailar, meditar, hacer yoga y cocinar sano.

Más de cinco años de búsqueda, de mucho apoyo recibido de coaches, terapeutas y amigos, mucho dinero, tiempo y energía invertidos en mi misma, en descubrir quien soy, en hacerme más consciente de mis creencias profundas y de cómo esas creencias forman mi vida.

Un viaje de transformación que aún continua

Un viaje de tomar responsabilidad por mi vida, de dejar de esperar a que los otros cambien o algo cambie y a empezar a cambiar yo.

Un viaje de decisiones radicales con consecuencias para mi entorno como la decisión de divorciarme o la de cerrar mi empresa.

Un viaje de muchas lágrimas al darme cuenta de todo lo que no funcionaba en mi vida, de la persona en la que me había convertido.

Un viaje de muchas frustraciones y sentimientos de impotencia al no saber cómo cambiar, cómo hacerlo de otra forma, cómo crear otro trabajo, otro tipo de relaciones.

Un viaje, es cierto, muy duro pero con una recompensa enorme al final.

La recompensa es que ahora soy la persona que realmente quiero ser

He aprendido a vivir de forma muy relajada, a no sentirme agobiada sino agradecida, a confiar en la vida y en la gente, a confiar en que todo lo que pasa sucede por algo y que todo son oportunidades para aprender y crecer.

He aprendido que cuando algo no funciona o cuando alguien no es como yo quiero, que eso tiene que ver con cómo yo soy y que si yo cambio mi entorno también cambia.

Igual suena como algo que comporta mucha responsabilidad y si, es cierto, pero también comporta una libertad extrema. La libertad de saber que soy yo la que creo todo en mi vida y que por ello soy yo la que lo puedo cambiar todo.

Mi reflexión sobre cómo conseguí esta nueva vida 

Yo conseguí cambiar mi forma de ser y de pensar y cambiar mi vida y no me considero ninguna persona extraordinaria.

Es más, estoy convencida de que cualquier persona, con el apoyo necesario y la voluntad clara de cambiar, lo puede conseguir.

Si quieres descubrir más sobre mi proceso personal y sobre las herramientas que me sirvieron a mi te cuento mucho más en un retiro que organizo en octubre cerca de Valencia.

¿Te gustaría también ser una mujer llena de vida y relajada?

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