El 40 % de l@s emplead@s sufren depresión postvacacional, según un estudio de una consultora española. Y es que el periodo vacacional incluye reflexión, replanteamientos antiguos, planteamientos nuevos, ruptura de hábitos, dónde estoy vs dónde quiero estar…Desde pequeños nos enseñan que nuestra rutina cambia con el inicio del curso escolar. El hábito que por excelencia hace que nos adaptemos más rápido a la nueva rutina es EL DORMIR.

¿Qué pasa si no dormimos entre 7 – 9hs diarias?:

  • Nuestros músculos no se regeneran adecuadamente, por tanto aparecen nuestras queridas contracturas.
  • Nuestros órganos no hacen correctamente el reset que hace que nuestro sistema immune esté “on fire” para combatir nuevos virus.
  • No se lleva a cabo la función de la regulación hormonal. Habréis notado que cuando no dormís bien o pocas horas, al día siguiente vuestro cuerpo quiere consumir más “comida basura” y más cantidad. Esto es debido a que la hormona que gestiona el apetito no ha tenido oportunidad de regularse.
  • Por último, y no menos importante, nuestra “testa” dedica esas horas a ordenar y poner en cajitas todo lo que ha pasado durante todo el día, quedando libre y preparada para enfrentar otro día desde la objetividad y no desde el arrastre emocional.

A raíz de mi maternidad pude vivir en primera persona el contraste de lo que significaba dormir y hacerlo bien y cómo, por una bonita y ajena causa, perdí esa condición. Esto me obligó a redefinir el hábito porque ya estaba cayendo en algún que otro punto de los que he comentado.

Para conectar con un buen hábito para dormir, entendiendo como buen dormir 7-9hs diarias, sólo hay que cuestionarse:

  1. ¿Cómo vivo?: definir nuestra vida en relación con el sueño tiene que ver con el número de horas que pasamos enganchad@s a una pantalla electrónica, la calidad de nuestros pensamientos (pesimista + quejica vs optimista + agradecido), tiempo que dedicamos a mimarnos a nosotr@s mism@s y, por último, la relación entre nuestra energía disponible y la que realmente consumimos. Esta última es importante en tanto en cuanto el dormir no ha de ser considerado gasolina, sino más bien debería enfocarse como relajación y descanso.
  2. ¿Qué como?: si ingerimos alimentos que contengan triptófano (básicamente la proteína y los aminoácidos) y lo hacemos 2 horas antes de ir a dormir, nuestro cuerpo descansará muchísimo mejor. El triptófano es un conductor de la melatonina, la cual es esencial a la hora de asegurarnos un buen sueño reparador. Bocatas, dulces e ingestas de cafeína después de las 6 pm pueden dificultar la conciliación del sueño, incluso si piensas que los toleras bien. La cafeína, en concreto, se encarga de poner a nuestra adrenalina en funcionamiento y sobrecarga nuestras glándulas suprarrenales que, al no poder liberarla durante la noche, estresan nuestro cuerpo.
  3. ¿Dónde duermo?: nuestra habitación debería ser un lugar con posibilidad de ventilarse con aire fresco, ordenado y sin acceso (en la medida en la que se pueda) a wifis y aparatos electrónicos.
    Es importante que podamos mantener la estancia oscura para que la melatonina aparezca.
  4. ¿Cuánto y cuándo me muevo?: mantener una buena rutina física es importante para nuestra salud cuerpo-mente, no obstante las horas previas al descanso nocturno deberían ser destinadas a actividades como yoga y/o meditación con el fin de ayudar a nuestra mente a bajar el ritmo y prepararse para el proceso de apagado.

El impacto de nuestro descanso está directamente relacionado con nuestros niveles de objetividad, la cual es necesaria para saber si tiene sentido o no sentir esa depresión postvacacional o realmente lo que nos pasa es una mala adaptación de nuestros biorritmos.



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