hombre y mujer conectados

Desconecta de las tecnologías para conectar con tus seres queridos

Una verdad incómoda

Recuerdo hace algunos años que, con el estreno de películas como Matrix, Her o Wall·e, mi madre solía decirme que ese sería el futuro de nuestro mundo. Un futuro donde la sociedad estaría tan conectada y dependiente de la tecnología que sería incapaz de ver más allá de sus dispositivos. Actualmente la media de uso oscila entre las dos y las tres horas.

Por eso, la finalidad de este escrito no es otra que ofrecerte mi reflexión con el objetivo de que tu hagas la tuya. Al final, como sociedad hemos llegado a un punto en que nos hemos dejado puesto el piloto automático para todo. Vivimos sin ser plenamente conscientes de lo que sucede tanto afuera como adentro de nosotros. Permíteme hacerte una pregunta: ¿Estás dispuesto/a a dejar que las riendas de tu vida sean controladas por otros/as? Si la respuesta es sí, al final será lícito decir que “la vida real supera toda ciencia ficción”.

Para, respira y observa

Estás en tu derecho de no creer una sola palabra de lo que escribo. Pero permíteme la osadía de decirte que pares. Tómate un momento para conectar con estas palabras y, simplemente, obsérvate. Ahora dime ¿A través de qué aparato estás leyendo estas líneas? ¿Cuántas personas puedes ver conectadas en estos momentos? Esa, esa es la realidad a la que me refiero; y es que actualmente existen más dispositivos que personas en nuestro planeta.

Permíteme contarte una experiencia personal, prometo ser breve:

Recuerdo cuando era pequeño y, estando en mi habitación, mi madre venía cada mañana a despertarme para ir al colegio. Me daba un beso de buenos días y subía mi persiana. Al llegar a la cocina tenía el almuerzo preparado. Ella se sentaba a mi lado y, con nuestros más y nuestros menos, conversábamos. Años más tarde renegué de todo aquello. Me ponía el despertador del Iphone, me preparaba el desayuno. Me vestía, cogía las llaves y me iba. Mi madre dormía. Al final, llegó un punto que para las comidas y cenas ella me enviaba un simple mensaje de chat. Ya no venía a decírmelo. No hacía falta, el mensaje era más que suficiente. Luego, encendíamos la televisión y no nos mirábamos. No nos hablábamos. Un día, simple y llanamente, todo acabó. No más mensajes, no más desayunos,… solo el simple y apagado sonido de un mensaje entrante: “¡Me he ido!”

Los ojos son el espejo del alma

Me gustaría proponerte que realices un ejercicio práctico. Si aceptas, haz lo siguiente:

Cierra los ojos. Centra tu atención en la respiración. Una vez tranquilo/a, dime: ¿de qué color son los ojos de tu madre y de tu padre? ¿De qué color son los ojos de tu mejor amigo o amiga? ¿Serías capaz de decirme cuándo fue la última vez que abrazaste a alguien y le dijiste “te quiero”– con sentimiento sincero -?

Dicen que los ojos son el espejo del alma. Que la sonrisa el espejo del corazón. Y es que no hay nada más poderoso que mirar fijamente a los ojos a una persona y sonreírle. Con una sonrisa sincera, cariñosa. Si quieres ir más allá, tras esa mirada y esa sonrisa puedes (aquí viene la parte más difícil) abrir la boca y decirle aquello que necesita oír. “Tú puedes”, “te quiero”, “te lo mereces”, “gracias”. ¡Pruébalo! Es algo mágico.

Implementa nuevos hábitos en tu vida

Se necesita 21 días para construir un hábito, y 90 días para un estilo de vida. Me gustaría, antes de terminar, ofrecerte algunos consejos de valor para que, si quieres, los incorpores a tu vida con la finalidad de conseguir reducir horas a los dispositivos móviles y, además, vivir una vida llena de paz y consciencia.

1- Elige actividades que te devuelvan la vida, que te apasionen y te hagan salir de tu zona de confort.

2- Procura estar en contacto con la naturaleza. Permítete el lujo de dar un paseo por la montaña, de respirar aire puro, de descubrirte a ti mismo.

3- Céntrate en realizar pequeños cambios.

4- Sé consciente de tus prioridades y de a qué le dedicas tu tiempo.

5- Aprende a decir no y dedica un tiempo a organizarte.

6- Practica la amabilidad: Aprende a escuchar y no juzgues. Comunícate con sinceridad.

Declaraciones sinceras

Tengo que confesarte algo antes de terminar. Te he mentido. La historia que te he contado de mi madre no me pasó a mí, sino a un familiar. Dicen que nunca sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Y creo que es cierto. No permitas que otros te cuenten las vivencias que tú mismo pudiste tener. Recupera a tus seres queridos. Aprovecha esas dos o tres horas que estarías conectado para dedicarlas a aquellos que verdaderamente importan y, sobre todo, a ti mismo/a. Vive tu vida como te mereces. Disfruta cada momento, se consciente de lo que quieres y toma acción. Ahora es el momento. ¡Tú puedes!  

Por último, dime:

¿Aquello que haces hoy te acerca a donde quieres estar mañana?

Eso es todo.

¡Gracias, Gracias, Gracias!



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