Un día como hoy, hace ya unos años, fue uno de los peores días de mi vida. Este diagnóstico me cambió la vida.

Me diagnosticaron un segundo cáncer de mama.

Que día tan terrible.

Recuerdo aún la voz del médico diciéndome “y sí, arrancamos de nuevo, en dos semanas hacemos la primera aplicación de quimioterapia”.

En ese momento creí morir, creí que nada iba a funcionar.

Me preguntaba una y otra vez “¿por qué a mí? ¿de nuevo?”, aunque con el tiempo entendí que la pregunta era “¿por qué a mí no?”

Es por esa sensación que tenemos los  seres humanos de ser inmortales, ese saber que somos mortales pero no querer creerlo realmente, que pensamos que nuestra vida siempre tendrá muchos años más por delante.

Cuando de repente recibes un diagnóstico así, y te dicen que tienes un nuevo tumor, TODO se pone en otra perspectiva.

   Valoras la vida

Piensas en todo lo que no hiciste, en tus hijos, tu familia, tus amigos. Piensas “yo no me puedo morir, NO AHORA, ¡tengo tanto por hacer, tanto por conocer, tanto para dar!”

Pero al cáncer no le importa y avanza sin piedad enfrentándote con todo lo pendiente, todo lo que has pospuesto por miedo, por tiempo, por dinero, por lo que sea, pero no lo hiciste.

Y en ese momento piensas “Si sobrevivo, voy a vivir de otra manera, voy a priorizar los afectos, voy a viajar aunque sea a dedo, voy a conocer”.

Y ahí estas, en ese sillón cada 2 ó 3 semanas pensando cómo tu vida va a ser diferente cuando logres pasar esto y cómo NO vas a volver a caer en las trampas de siempre.

El tiempo pasa, las molestias se van, los dolores se olvidan, las nauseas se borran, el pelo crece y te encuentras otra vez en la misma rutina, la casa, el trabajo, todo lo mismo.

¿Acaso es necesario que para que podamos valorar nuestra propia mortalidad tengamos que enfrentarnos a situaciones límites?

Lo mismo nos pasa cuando nos enteramos que muere alguien joven y nos ponemos objetivos y decimos  esto no me pasará.

Yo tengo que VIVIR.

La felicidad de ser parte de una estadística

Hace un par de años el médico, mastólogo, me preguntaba datos sobre mi tratamiento, drogas, tiempos, fechas, descansos, antecedentes, todo lo clínico. Después fue entrando en temas más personales, plan de cobertura médica, trabajo, compañeros de trabajo, amigos, familia y así cada vez más personal.

Primero no entendía, después pensé que estaba tratando de ligar conmigo, luego seguía sin entender.

Cuando terminó de preguntarme, me contó lo siguiente.

Desde julio del 2011 a la fecha – sería mayo del 2012 – había tenido casi 400 casos de cáncer de mama, de los cuales 85 eran muy similares al mío, por ser segunda vez , por rapidez en la aparición, por edad de las pacientes,  etc.

De los 85 casos, NO TODOS estaban en etapa final como el mío.

Sin embargo, solo 3 de las 85 pacientes tuvimos la misma respuesta “desaparición total, sin ganglios comprometidos, sin secuelas”.

Estos resultados los hizo estudiar todos los casos y llegaron a la conclusión que era la primera vez en veinticinco años que pasaba en la Argentina una situación así.

Que las estadísticas de supervivencia de cáncer de mama fueran tan pequeñas.

Por supuesto, esto les generó más dudas, por lo que analizaron más en detalle qué tuvimos estas 3 pacientes que las otras 82 no tuvieron,  para poder aplicarlo a más pacientes y que la recuperación total sea en más mujeres.

Ser parte de una estadística puede no significar mucho, en general es así. Pero para mí, ser parte de una estadística es lo mejor que me pudo pasar.

Se dieron cuenta que nosotras 3 teníamos una red de contención afectiva que las demás no, que contamos con familias y/o amigos que nos ayudan y  acompañan y  lo que más nos diferenció a las 3, es que tenemos un GRAN respeto por la vida, una decisión de ser felices todos los días, una actitud de vivir lo más en paz que podemos y dándonos cuenta de qué es realmente importante.

Por eso, a ti que me estás leyendo, te vuelvo a decir:

Relájate, evalúa, evita hacerte problema por situaciones que carecen de gravedad o importancia.

Por mi parte FELIZ DE ESTAR EN ESTA ESTADÍSTICA y no solo en la estadística de cantidad de cáncer de mama anual.

Para eso necesité parar, todos necesitamos parar y pensar un poco a dónde vamos, a dónde queremos llegar corriendo como locos, en una carrera que no va a tener ganador.

    ¿Cómo este diagnóstico cambió mi vida?

Decidí aprender coaching para poder diferenciar lo que quiero de lo que me hicieron creer que tenía que ser.

Quiero poder acostarme todos los días feliz del día que transcurrió, aunque no haya comprado nada.

Yo hoy elijo no mirar tanto para adelante y enfocarme en el hoy.

Pensar que un día mi vida va a terminar y puede ser en cualquier momento. Pero no desde lo trágico, sino desde lo que voy a elegir.

Si estás en cualquier situación de la que no sabes como salir, contáctate conmigo, puedo ayudarte.

A VIVIR y a disfrutar, que la vida es mientras tanto.



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