Inteligencia Emocional

¿CONOCES TUS PROPIAS EMOCIONES?

Uno de los problemas que me encuentro con más frecuencia en consulta es el de la falta de gestión emocional. Todo el mundo sabe de sobras qué es una emoción y cómo ésta puede llegar a afectar tanto a nuestros pensamientos como a nuestro cuerpo… o, ¿tal vez no? Muchas veces, tenemos la osadía de depositar un exacerbado exceso de confianza en nuestra inteligencia emocional y, en algunas ocasiones, puede llevarnos a incurrir en situaciones que nos generen una emoción que no deseamos para nuestras vidas.

 

Sin embargo, no siempre sabemos cómo cambiar esa emoción. Así que, ¿por qué no me dejas que te hable acerca de cómo lograr reconocer una emoción, qué puedes hacer tu mismo/a para cambiarla y con esto dar un giro a tu vida? Quiero que seas consciente de que reconocer una emoción puede llevarte hasta un estado de autoconocimiento tal, que tu mismo/a acabes cogiendo las riendas de tu vida. Así, y de una vez por todas, te hagas con el control para poder decidir por y para ti. Pero… ¿Estás listo/a para tomar tal responsabilidad?

 

 

Piensa que si uno mismo/a no es consciente de qué siente, dónde lo siente, etc. quedamos supeditados a nuestras emociones y, en última instancia, acabamos siendo sus esclavos. Déjame decirte que, al final, eso no va a llevarte a la felicidad. No es suficiente que hoy en día todo el mundo hable acerca de la inteligencia y la gestión emocional para que se sepa realmente qué es y cómo eso les puede cambiar.

 

INCREMENTA TU INTELIGENCIA EMOCIONAL

Recogiendo los estudios de James-Lang, estos dos autores establecieron una teoría con la que se podía entender la secuencia que se daba en el cuerpo desde un estado inicial (serenidad o  no perturbación) hasta el estado final (auge de una determinada emoción). Entender cómo funcionan nuestras emociones nos permite conocer en qué punto de la secuencia queremos inferir para que, así, no se llegue a producir esa emoción no deseada. De este modo, seremos nosotros/as los que decidamos cómo y cuándo sentir una determinada emoción, y no a la inversa. Esto evitará que nos sintamos en todo momento bajo el influjo del estrés, la ira, la rabia,…

 

Pero, ¡CUIDADO! Esto no significa que aplaquemos siempre nuestros sentimientos. No somos estoicos. ¡Au contraire!. Si somos capaces de conocernos, entonces sabremos ver en qué situaciones permitir que esa emoción se dé en su máximo apogeo, y en cuáles no. Por ejemplo, si nos encontramos ante una situación en la que exteriorizar la emoción de rabia nos es positivo, entonces, dejémosla salir. Sé consciente de lo que estás sintiendo. Observa esa emoción en tu cuerpo y trata de averiguar qué quiere decirte y cuál es su función en esos instantes. No hagas por reprimirla, pues tal vez tenga algo interesante que contar (aunque sea la emoción de la rabia o de la ira).

 

 

EL SIGNIFICADO EMOCIONAL LO CREAS TU EN TU MENTE

Somos nosotros quienes damos significado a las cosas. Gracias al lenguaje, que se usa como instrumento, y nuestro marco sociocultural, es nuestra propia mente la que categoriza y etiqueta a una emoción como positiva o negativa. Pero, en verdad, toda emoción carece de significado.

Piénsalo por un momento. Si presencias un robo y sientes miedo, tal vez esa emoción te haga salir corriendo de allí para ponerte a salvo. En este caso, tendrá un significado y una intención positiva: salvarte. De ahí que no sea bueno del todo ir excesivamente rápido a la hora de etiquetar una emoción, ya sea para considerarla buena o mala. Por ello, será mejor que solo nos fijemos en si esa emoción trae consigo algo positivo para nosotros o no. Si lo trae, vivámosla con la máxima intensidad y plenitud; aprendamos qué tiene esa emoción que decirnos y disfrutemos de esa experiencia.

 

Aunque, nuevamente, ¡CUIDADO! Porque esto tampoco significa que siempre sea positivo o útil vivir una emoción al máximo. Pensemos ahora en otra situación. Si en lugar de sentir miedo, lo que sentimos es rabia o ira, pero en nuestro lugar de trabajo, tal vez lo más apropiado sería no sentirla con la máxima plenitud. ¡¡¡No queremos acabar tirándole la grapadora al compañero de al lado, o tirarlo por las escaleras!!! De ahí que sea importante situarnos en un contexto, conocer qué sentimos, dónde lo sentimos y ver en qué fase del patrón emocional estamos para poder cambiar esa emoción por una que nos ofrezca, en última instancia, un resultado positivo.

 

DESCUBRE Y CONOCE A TU PATRÓN EMOCIONAL

¿Cómo hacerlo? Primero debemos ser conscientes de que toda emoción empieza con una vertiente sensorial. Nuestro cuerpo recibe un estimulo que, de forma inconsciente, nuestro cerebro procesa y le otorga un significado. Por ejemplo, si estamos acostumbrados a darle un significado negativo por nuestras propias creencias a una situación X, cuando estemos expuestos de nuevo a esa situación, o una similar, el estimulo que recibamos, y que procese nuestro cerebro, será negativo. Entonces, se empezará a gestar la emoción y lo primero que hará nuestro cuerpo será activar la parte fisiológica.

 

Imaginémonos una situación de estrés. Primero, nos empezarán a sudar las manos, nos sentiremos inquietos, empezaremos a mover la pierna de una forma compulsiva, etc. En esos instantes, será cuando tomaremos consciencia de la situación y, de forma automática, nuestra mente nos traerá al presente una experiencia pasada en la que se dio una situación similar y sentimos una emoción negativa que desembocó en una situación desagradable. En el preciso instante en el que ese pensamiento viene a la mente… ZAS! La emoción ha aparecido y todo nuestro cuerpo y pensamiento ha cambiado para darle protagonismo a la emoción. A partir de ese instante todo lo que hagamos reforzará esa emoción no deseada ad infinitum.

 

Exponiendo el caso en una situación real. Ubiquémonos en un aeropuerto. En ese contexto nos encontramos en una situación que, en la gran mayoría de personas, suele salirse de su rutina. En ese aeropuerto, se empiezan a tener patrones específicos de respuestas fisiológicas periféricas como: la sensación desagradable en el estómago, que suden las manos, empezar a temblar, etc. Cuando conscientemente llegamos a percibir todas esas respuestas, experimentamos una emoción: terror/ansiedad. En ese momento de consciencia, en que aparece una situación pasada similar, nos viene a la mente un diálogo interno: “Estoy aterrado por subir a este avión. No puedo”.

 

 

CAMBIA TUS EMOCIONES 

El primer paso para cambiar una emoción no deseada es reconocerla. Ver qué emoción estás sintiendo. Una vez reconocida ubicarla en el cuerpo. Así, se puede hacer uso de la tríada emocional: FISIOLOGIA, LENGUAJE y ENFOQUE.

 

FISIOLOGÍA: Primero, debemos adoptar una fisiología que sea proclive a darnos una emoción agradable. Si por ejemplo nos sentimos ansiosos, por lo general el pecho se nos suele oprimir, nos encorvamos, etc. entonces simplemente será cuestión de ponernos erguidos, permitiendo que la respiración sea más fluida. Y, del mismo modo, relajar los músculos de la cara eliminando del rostro toda mueca de estrés o ansiedad.

LENGUAJE: Segundo, cambiar nuestro lenguaje verbal (el no verbal lo trabajamos con la fisiología). En lugar de decirnos en un diálogo interno cuánto de ansiosos estamos, sería bueno cambiar esas palabras por aquellas que nos hagan estar más tranquilos y serenos. No es lo mismo decirnos o decir: Asustado que Incómodo, Ansioso que Espectante, Nervioso que Energizado, etc.

ENFOQUE: Por último, enfocar nuestra atención a aquello que no nos genere una emoción negativa. Dicen que donde va nuestra atención va nuestra energía. De modo que si nos enfocamos en nosotros, y es ahí donde reside la ansiedad, o en nuestro malestar, será mejor llevar la atención afuera. Dejar el juicio y la crítica de lado y ver quién hay a nuestro lado, que forma tienen los objetos más cercanos, etc.

 

 

Todos tenemos al menos un modo inconsciente de definirnos y esta definición afecta a todos los campos de nuestra vida. Si te consideras una persona conservadora, por ejemplo, hablarás y te comportarás de otra forma que si te consideras un escandaloso. CUALQUIER CAMBIO DE TU DEFINICIÓN PERSONAL INCIDIRÁ DIRECTAMENTE EN LAS  HABILIDADES QUE DEMUESTRAS, EN TUS CONDUCTAS Y EN TUS ASPIRACIONES. Es el filtro por el que pasan todas tus decisiones, la convicción central por medio de la cual interpretas tus experiencias vitales.

 

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