LA NEUROCIENCIA DEL SILENCIO EN LA ERA DEL RUIDO

Ya lo decía Pitágoras: El principio de la sabiduría es el silencio, Friedrich Nietzche: El camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio, el refrán: El silencio es oro, el branding: “Hecho en silencio finlandés“, o la famosa frase de Mozart: “La música no está en las notas sino en el silencio entre ellas“.

En estos tiempos, en los que cada día es más habitual convivir en grandes ciudades con estrepitosos ruidos de aparatos, tráfico, aeropuertos, estaciones de tren o metro e innumerables estímulos físicos y psíquicos, el silencio se ha convertido en un bien preciado casi en peligro de extinción.

El frenesí de la vida moderna invade con estruendo el día a día y, no es de extrañar, que cada vez se ofrezcan más espacios lejanos a las grandes urbes con el reclamo de ser exclusivos refugios ( comercializados turísticamente a modo de producto de lujo ) donde experimentar la prístina cualidad del silencio por el sosiego natural de su espacio y geografía, por sus recursos naturales disponibles tan anhelados por los urbanitas y embriagados por la calma y tranquilidad que se respira a cada paso… lejos de los estrumpidos del mundanal ruido e incesante tránsito sonoro.

Y, no es de extrañar, que se vincule la inglesa palabra “noise”, proveniente de la raíz latina “náusea” o “noxia” ( palabra de donde viene “nocivo” ), al dolor y disgusto que produce el ruido y se asocie con el ESTRÉS.

Los principales efectos nocivos a la exposición de ruidos altos son: hipoacusia o pérdida del oído, hipertensión, isquemia ( estrés celular ), insomnio…

Los científicos se han afanado en estudiar la noción de cómo el estruendo del ruido lastima, dilacera, perturba y enferma llegando a provocar, además:

  • Cefalea, migraña, ansiedad
  • Dificultad para la comunicación oral
  • Disminución de la capacidad auditiva
  • Perturbación del sueño y descanso
  • Estrés, taquicardia
  • Alteración del sistema digestivo ( cólicos y trastornos intestinales )
  • Fatiga, neurosis, depresión, demencia
  • Zumbidos o tinnitus ( ” escuchar ” ruidos en los oídos )
  • Efectos sobre el rendimiento
  • Alteración del sistema circulatorio
  • Aumento de secreciones hormonales ( tiroides y suprarenales )
  • Trastornos en el sistema neurosensorial
  • Disfunción sexual

¿ Cómo se producen ?

Las ondas del sonido vibran en los huesos del oído, que transmiten el movimiento a la cóclea, la cual convierte las vibraciones físicas en señales eléctricas que la oreja percibe… Y el cuerpo reacciona (¡ incluso en sueño profundo !).

Investigaciones neurofisiológicas sugieren que los ruidos activan la amígdala, cúmulos de neuronas ubicados en los lóbulos temporales del cerebro asociados con la formación de memoria y emociones, lo que detona una inmediata liberación de hormonas de estrés como el cortisol.

Luciano Bernardi, médico y músico, concluyó en 2005 tras estudiar los efectos de la música que una pausa en la música induce una relajación mayor a la precedente exposición a la música lo cual indica que, tal vez, el placer de la música viene de una alteración controlada entre la estimulación y relajación.

Otro estudio, de la Universidad de Duke, mostró que ratones expuestos, en alto contraste con sus hábitos, a 2 horas de silencio empezaron a desarrollar nuevas neuronas: NEUROGÉNESIS. Teorizaron que podría ser debido a que el cerebro entra en un estado de alerta de alta sensibilidad cuando se produce el silencio, ambiente estimulante para el crecimiento neural.

EL SILENCIO INTERIOR

Vibraciones específicas pueden estimular el sistema endocrino desde el hipotálamo hasta la glándula pituitaria “la glándula maestra” y la glándula pineal localizada en la cabeza. Cantar un mantra (está hecho de “sonidos básicos” y entran en acción hasta 84 puntos meridianos en el paladar) con pauta de respiración estimula un sonido vibrante y específico que cuando se desencadena produce una frecuencia. Entonces, la liberación de hormonas tiene lugar y ocurre un cambio en el humor, en las emociones y puede comenzar una sanación.

El silencio profundo que conlleva la MEDITACIÓN incita a las células del cerebro a tener una cristalina amplitud que podría ser el sonido del nacimiento de nuevas neuronas y constelaciones sinápticas. Además, de ayudar a mantener un aura, una atmósfera virginal, propia para cultivar el espíritu y nuestro Ser.

Sentir el silencio interior es una experiencia profundamente transformadora deviniendo en unión harmoniosa con el universo. La mente se detiene, y con esta cesación las dimensiones personal, temporal y espacial dejan de existir. Microcosmos y macrocosmos se funden en una sola entidad. Lo observado y el observador se diluyen en la más pura OBSERVACIÓN.

Siente el poder de este lugar sagrado y haz una APOLOGÍA y ODA al silencio. Huye de lo prosaico y cultívalo para entrar en la receptividad y recogimiento interior del espíritu en actitud amorosa… Integra el espacio donde te escuchas, te sientes y te percibes de la claridad de tu naturaleza esencial.

Experimenta la calma mental y el florecimiento del órgano interno del Conocimiento: el corazón espiritual – que nos brinda el sabor de la «dimensión» existencial de nuestro Ser: la QUIETUD -.

Que el silencio interior, la paz y el amor colmen tu corazón conectando con tu alma y despertando las capas profundas de tu ESENCIA. Descubre las resonancias que brotan constante de tu interior y siente tu latido …

INHALA LUZ, RETÉN PAZ Y EXHALA AMOR … DESDE EL SILENCIO

 

Lao Tsé



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