abogada emocional

Me llamo Natalia Castells Gallart, tengo 49 años y vivo en Barcelona. Ejerzo como Abogada Matrimonialista por formación y Coach de Pareja por vocación. Desde hace 9 años me he especializado en separaciones y divorcios de mutuo acuerdo con hijos/as. He acompañado emocional y jurídicamente a más de 300 parejas durante las rupturas matrimoniales para que se separen con amor.

“Eres maestro de lo que has vivido, artesano de lo que estás viviendo y aprendiz de lo que vivirás” Richard Bach

Eres una abogada atípica. Pocas abogadas tratan temas legales y emocionales en su asesoramiento. Más concretamente, ¿en qué ayudas a tus clientes?

Mi propósito es que firmen un documento único y específico que resuelva todos los puntos conflictivos y que dejen de ver a su expareja como el “enemigo” para verlo como el “aliado” en la educación de su hijo/a.

Les oriento en la búsqueda de soluciones creativas para resolver el futuro y les ayudo a encontrar un lugar sano y amigable desde el que relacionarse con el ex. En mis sesiones hay de todo: lágrimas, risas, tristezas, rabia, confianza, encuentros, toma de decisiones, acuerdos, desacuerdos… Soy plenamente consciente de que a nadie le gusta ir al abogado/a, así que genero un espacio de confianza, respetando el momento emocional de cada uno. 

Para llegar a esta situación, durante las sesiones se aprende a escuchar al otro, a comunicar lo que yo quiero decir, a ver qué le sucede al otro cuando cuando expreso mi sentir, a callar, a ceder… En definitiva, a que ser padre y madre divorciada es una nueva etapa en relación con los hijos/as donde se siguen tomando decisiones conjuntas desde el respeto y tolerancia.

Todo un aprendizaje y trabajo personal necesario para volver a ser una familia feliz después del divorcio. ¿Cuales son las dudas emocionales y legales más típicas que resuelven tus clientes con tu acompañamiento jurídico y psicológico?

En primer lugar, todas las dudas emocionales en relación con los hijos/as. Es decir, los miedos de cómo les podrá afectar a los menores el divorcio, hablamos de pautas concretas y específicas dependiendo de la edad de los hijos/as, cómo gestionar el enfado o la frustración de los niños/as, tratamos cómo decirles que sus padres se separan, cómo evitar la manipulación de los hijos/as…

Una vez tratados estos temas importantísimos, trabajamos con las dudas de cómo resolver el día a día de una pareja separada. Concretamos dónde duermen los hijos/as, cómo se organiza se organiza la semana, las vacaciones, quién se encarga ahora de la logística de los niños/as, quién compra la ropa. Adaptando el documento legal a su realidad y no al revés. Es hacer un traje a medida.

Para tratar los temas legales aclaramos qué diferencia hay entre guarda y custodia y potestad, qué es la guarda exclusiva y la compartida, qué es el plan de parentalidad, qué diferencia hay entre separación y divorcio y pareja de hecho….

Un tema que inquieta mucho y también se resuelve son las dudas relacionadas con la economía, cómo se pagan los gastos de los menores, qué es la pensión por alimentos y qué incluye, qué es la pensión compensatoria, qué quiere decir que en Cataluña exista el régimen de separación de bienes… Por último, es muy típico tratar el resto de las dudas relacionadas con la vivienda familiar, piso, coches, cuentas bancarias, segundas residencias…

Entiendo que hay tantas dudas legales y emocionales porque hay mucha inexperiencia cuando te separas, ¿cómo haces que el proceso de separación o divorcio contigo sea más fácil?

En la primera sesión me presento, explico cómo trabajo y por qué decidí hacer mutuos acuerdos. Hablamos de cómo está cada uno, aclaramos dudas, informo del proceso legal y cuáles son los puntos sobre los que es necesario llegar a acuerdos. Es una sesión para conocernos y entender el proceso legal y emocional que estamos iniciando. Hablamos también de los hijos/as comunes, de si les han comunicado o no la noticia, de cómo hacerlo en caso de que no lo hayan hecho (preparar la conversación, cuándo, qué decimos, cómo…). En esta sesión ya quedamos para la siguiente sesión que iniciará el proceso que culmina con el acuerdo entre ambos.

En las siguientes sesiones empezamos el trabajo propiamente dicho. Siempre antes de comenzar pregunto cómo están los niños, cómo están ellos y si hay algo de lo que quieran hablar. Luego indico punto por punto los temas sobre los que necesariamente deben llegar a acuerdos ya que así lo establece la Ley. Por ejemplo: Les comento que hay que hablar de cómo se distribuyen las semanas, el tiempo de permanencia de los niños con cada uno y les pregunto si han pensado alguna cosa. Y a partir de ahí comenzamos a hablar de cuál sería la mejor opción teniendo en cuenta su situación laboral y personal, las edades de los hijos/as, si hacen o no actividades extaescolares… Primero habla uno, luego el otro, luego yo… hasta que se llega a un acuerdo en este punto.  Luego pasamos al siguiente punto. Y así con cada uno de los apartados que debe contener el documento (convenio y el plan de parentalidad) que firmarán.

Las sesiones son semanales, entre 1,30 y 2 horas de duración. En 4 o 5 sesiones suele estar todo finalizado, también hay parejas que necesitan 2 y hay que necesitan 8. Lo importante es adaptar el proceso a lo que la pareja necesite y no que la pareja se adapte a un modelo estructurado.

Tu proceso legal y emocional es una solución al modelo tradicional de divorcio o separación. En tu biografía mencionas que los procesos contenciosos en el derecho de familia no solo no arreglan la situación sino que perjudican seriamente las relaciones entre los progenitores y los hijos. ¿Podrías explicarnos por qué los pleitos y juicios no son la mejor opción cuando hay un divorcio con hijos/as?

En un pleito nunca sabes lo que va a suceder. Cuando entras en la sala de juicio todo es una incertidumbre; he visto ganar pleitos que todo el mundo daba por perdidos y perder algunos que parecía imposible perderlos.

En primer lugar, en un juicio hay constantemente reproches entre padre y madre porque se juzga negativamente todo lo que hace el otro. La comunicación se anula, ya no son los padres los que hablan entre sí de los problemas de sus hijos/as sino que son los abogados lo que negocian y comentan. Yo he hablado con abogados/as contrarios sobre si un niño/a tiene que tener profesor de refuerzo o si hará o no fútbol. Es una situación surrealista.

También hay que tener en cuenta que en un pleito la decisión final sobre la vida de la familia la toma el juez en una Sentencia que, generalmente, no convence a ninguna de las partes. Padre y madre no son capaces de tomar decisiones sobre su propia vida y un juez que no conoce su realidad decide sobre algo tan importante como los días en los que verás a tus hijos, cómo celebrarás los cumpleaños, o a qué colegio irán. Incluso llega a suceder que el juez ordena algo que ninguna de las partes quiere. Llevé un caso en que el juez ordenó que la primera quincena de agosto los hijos estuvieran con su madre y la segunda quincena con su padre. ¡Las vacaciones laborales de padre y madre eran al revés!

Y por último y más importante los hijos/as sufren cada día que sus padres no se hablan, son utilizados como mensajeros, aprenden a decir a papá y a mamá cosas diferentes según lo que quieran oír y se sienten culpables por lo que sucede. Un proceso contencioso aumenta el trauma por el divorcio en los hijos/as y tiene repercusiones en su desarrollo afectivo, emocional y social.

Recuerdo una niña de 7 años que sufría ansiedad ante la llegada del festival de fin de curso de guitarra, sus padres no se hablaban y cada uno se ponía en una punta del escenario, cuando acababa la actuación la niña no sabía a quién ir a abrazar primero. Aquella situación fue tan dura que el año siguiente se negó a hacer el festival de fin de curso e inició un proceso psicológico para superar su ansiedad, mientras los padres continuaban discutiendo en los juzgados sin asumir la responsabilidad de lo que sucedía.

Yo siempre les digo a mis  clientes: un mutuo acuerdo es como si lanzamos una granada de mano a un edificio: se rompen los cristales, el mobiliario, hay incendios… pero los cimientos no se ven afectados. Mientras que un pleito contencioso es una bomba atómica, todo queda muerto y se tardan años en que vuelva a crecer algo.

Fuiste abogada con una de las mejores abogadas matrimonialistas de la época, Carmen Rodríguez. Ella té pagó el postgrado en Derecho Matrimonial Civil impartido en el Ilustre Colegio de la Abogacía. ¿Cuál fue la experiencia como abogada que más impacto tuvo en ti para que a día de hoy seas una abogada emocional especialista únicamente en divorcios de mutuo acuerdo?

Hay dos momentos que supusieron un cambio en mi trayectoria como abogada.

El primero cuando llevaba 11 años de profesión vino a verme una cliente y me dijo: “¿Sabes qué? Hace diez años que eres mi abogada” ¡¡10 años!! desde que se divorció y allí estaba con pleitos y enfados con su ex: problemas sobre los horarios, los gastos de los hijos, si se paga o no la profesora de refuerzo, si los libros… Los niños seguían estando en medio del conflicto.

En ese momento fui consciente de la responsabilidad que como profesional tengo ante mis clientes. Vi que puedo ser una abogada “incendiaria” o una abogada “que pone paz”. Es cierto que no todo es responsabilidad mía, pero hay una parte que sí lo es. Y en ese instante decidí encaminar mi profesión hacia otro lugar. Deje de hacer pleitos (jajaja… piensa que en la “guerra” era muy buena) y me enfoqué en una nueva forma de ejercer la abogacía.

El segundo momento fue cuando en una sesión en mi despacho estaba trabajando con una pareja y les pregunté: “¿Quién compra la ropa a vuestros hijos?” Respondieron los dos a la vez: “¡¡Yo!!” Se miraron estupefactos, diciendo ¡no puede ser! pero si soy ¡¡yo!! (jajaja).

Ahí descubrí que la realidad no existe. Cada uno tiene una realidad, una visión de lo que pasa en su familia. Muchas veces les hago el dibujo de un 6, depende del lugar de donde miren es un 6 o un 9. ¡Es el mismo dibujo! Es importante poder observar cada posición, cada realidad, tenerla en cuenta para poder llegar a acuerdos justos que beneficien a todos los miembros de la unidad familiar.

Dejar las guerras de las abogadas tradicionales implicó formarte para abarcar las necesidades más psicológicas. Y así poder adaptar la norma a la persona y no al revés. Desde 2007 hasta 2010 te has formado en psicología, mediación y coaching de pareja. ¿Estos estudios humanísticos qué visión te han aportado como abogada especialista en divorcios de mutuo acuerdo con hijos?

La psicología me ayuda a entender los procesos de la pareja y sobre todo de los hijos/as. No es lo mismo divorciarse con un hijo/a de 1 año, de 7 o con un adolescente. Las necesidades emocionales de los niños/as son diferentes y hay que tenerlas siempre en cuenta a la hora de tomar decisiones que les afectan. Por ejemplo, cómo conseguir que se adapten a una nueva casa: si tiene entre 1 y 3 años empezaremos poco a poco, durmiendo 1 día a la semana, luego dos… al ritmo del niño/a no al ritmo de los padres y si es adolescente podrá participar en la búsqueda del nuevo piso e ir a comprar con el padre o madre su nueva habitación.

La mediación y el coaching me convierten en una profesional imparcial y neutral ante el conflicto, ayudo a mejorar la comunicación entre la pareja, a que puedan comprender los intereses del otro, a mejorar sus relaciones en un futuro, les acompaño en la búsqueda de soluciones creativas y adaptadas a su realidad, y, sobre todo, que se hagan responsables de las decisiones que toman.

También llevar 25 años dedicándome en exclusiva al derecho de familia me aporta una experiencia única. Muchos de mis clientes dicen que lo que yo hago es “poner luz a una situación oscura”.

Después de 25 años ejerciendo como abogada especialista en divorcios, te dicen que iluminas una situación oscura. ¿Cómo logran tus clientes llegar a esta relación sana como padres y madres divorciados?

Con voluntad y esfuerzo, teniendo claro que el objetivo es encontrar soluciones y no reprocharse constantemente por lo sucedido en el pasado. Aprendiendo que cualquier decisión tomada desde la rabia y la impulsividad es perjudicial siempre y que el “ex” no es el enemigo a abatir sino que es el padre o madre de los hijos comunes.

En mi despacho se dan cuenta y adquieren la confianza de que es posible crear un nuevo modelo de familia, no solo por mi experiencia personal sino por la de las muchas parejas que lo han conseguido y a las que yo he acompañado.

¿Cómo son las parejas que vienen al despacho céntrico de Barcelona e inician un proceso de separación o divorcio de mutuo acuerdo con hijos/as?

Mi despacho esta abierto a cualquier persona que esté viviendo una ruptura, sea una pareja de hecho o esté casada, y que busque a un buen profesional que le asesore legalmente y le resuelva también las dudas emocionales relacionadas con los hijos/as comunes. Es decir, que les interese un acompañamiento integral. Son parejas que no quieren ir a un procedimiento contencioso por el juzgado y tienen la voluntad de llegar a un acuerdo que solucione la nueva situación siempre teniendo en cuenta el bienestar de los hijos comunes. 

Para conocerte más a nivel personal, ¿cuál ha sido la experiencia que más impacto ha tenido en ti?

¡Buff! He tenido varias y todas ellas de gran impacto en mi evolución.

Si tengo que elegir una sería sentir el dolor de la pérdida en mi divorcio cuando mis hijas tenían 11 y 7 años. Aprendí a tener paciencia, a ponerme en el lugar del otro, a comprender que hay dos casas y dos estilos diferentes de educar y no por ello uno es mejor que otro; a respetar decisiones con las que no estaba de acuerdo. Fui consciente de la importancia que tiene contar con un buen profesional objetivo e imparcial que clarifica y pone sentido común, aportando soluciones. Me di cuenta que yo sola no puedo aún teniendo experiencia y dedicarme a ello. Fue un momento de mi vida en el que me sentía vulnerable, con mucho movimiento emocional y con poca claridad para tomar decisiones justas. Es decir, orientadas a crear un futuro saludable dejando de reprochar al otro por todo el pasado.

El esfuerzo mereció la pena. El 2018 nuestra hija mayor cumplió 18 años y pudimos celebrarlo en mi casa juntos. Su padre y yo con nuestras respectivas parejas, nuestra hija menor, mis padres y hermanos.

Es cierto que hay una ruptura de un modelo de familia, pero es posible crear otro.

Todo el mensaje que como abogada emocional transmites es que es posible crear un nuevo modelo familiar feliz después del divorcio. Gracias por tu labor en una situación tan delicada como son los divorcios con hijos/as. 

Entrevista realizada por Carla L. Mas


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