Después de trabajar más de 8 años con mujeres como Coach para Mujeres puedo afirmar que todas las mujeres con las que he trabajado, tenían la “actitud de guerra” muy a flor de piel.

Yo misma he tenido esa actitud y en este artículo te cuento cómo lo he notado y trabajado.

Si tú piensas que en tu caso no es así, que no estás o no has estado en actitud de pelea, te invito seriamente a que leas este artículo y te dejes sorprender.

¿De verdad necesitas pelearte con tu marido, tus hijos o tu jefe para conseguir lo que realmente quieres?

Pelear es una de las cosas en las que, sobre todo las mujeres, invertimos más energía y tiempo. 

Yo tampoco era consciente, hasta hace muy poco tiempo, de las muchas situaciones en las que algo dentro de mi se dispara, muchas veces de forma sutil, y hace que me ponga en pie de guerra, dispuesta a atacar, a defenderme, a saltar a la yugular si hace falta.

¿Cómo identifico mi actitud de pelear para defenderme?

Tengo la suerte, que a veces la siento como una desgracia, de vivir y trabajar con un hombre que es muy sensible a mi energía y una de sus frases favoritas, sobre todo cuando trabajamos juntos, es decirme con una voz muy suave y mirándome con mucha compasión: Sonia, yo no te quiero hacer nada malo.

Te juro que por mucho que intento estar despierta y ser consciente de lo que hago y digo cada vez que él utiliza esa frase yo siento como si me hubiera tirado un cubo de agua fría por encima que hace que me despierte de golpe.

Entonces me observo de verdad, me doy cuenta de que mi cuerpo está tenso por dentro, que aprieto la mandíbula, contraigo los músculos del abdomen y aprieto los hombros.

¿Qué emoción me provoca estar a la defensiva con mi entorno?

Cuando me paro a sentir lo que realmente siento por dentro me doy cuenta de que siento miedo. Es un miedo completamente irracional, porque aunque yo SÉ que el no me quiere hacer nada malo, este miedo me dice que él no me va a escuchar, qué tengo que pelearme para hacerme entender, que si no me defiendo el otro me va a comer viva sin que yo me de ni cuenta.

Cada vez que le doy espacio a ese miedo puedo sentir que es un miedo que está muy relacionado con mi condición de mujer y que se dispara sobre todo cuando estoy con un hombre.

¿Por qué siento miedo cuando estoy con un hombre? 

Pienso que las mujeres hemos sufrido y en muchos países seguimos sufriendo de forma tan brutal en manos de los hombres que tenemos unas heridas muy profundas que hacen que, de forma inconsciente, sintamos que nos tenemos que defender de ellos.

Las mujeres hemos tenido que luchar mucho para conseguir lo que tenemos hoy en día en nuestra sociedad y a nuestro sistema inconsciente le cuesta entender que ahora ya no tenemos que seguir luchando en todas las situaciones, que nos podemos relajar, que podemos confiar en los demás, tanto hombres como mujeres.

¿Cómo me di cuenta de que esta situación de tensión es mi día a día en diversas situaciones cotidianas?

La historia va mucho más allá de las relaciones con los hombres. Yo me he estado observando más de cerca, siguiendo sobre todo los indicios de mi cuerpo que son los más fáciles de ver.

Me he dado cuenta de que muchas veces cuando hablo con mis hijos y les pido o les mando algo también lo hago desde ese lugar de guerra.

Incluso, cuando hablo con gente, aunque sean amigos, y defiendo mi punto de vista también me encuentro en pie de guerra.

O sea que cuando lo miro de cerca y soy más consciente de lo que realmente hago me doy cuenta de que en muchas situaciones yo por dentro estoy creando mucha tensión, dispuesta a defenderme y a atacar en cualquier momento(aunque tal vez nunca lo haga) y me doy cuenta de lo agotador que es vivir así.

Y todavía he observado algo más.

Cuando escribo emails, hago las compras, recojo o hago muchas otras actividades yo sola, también estoy en pie de guerra, también mi cuerpo se contrae y se aprieta por dentro, también le pongo energía a que eso que estoy haciendo no se me vaya de las manos y acabe en contra de mi.

Tiene que ser como yo quiero, tiene que ser rápido, lo tengo que hacer bien, tiene que ser TODO PERFECTO y todo eso hace que no me pueda relajar y simplemente hacer lo que hago sino que a nivel interno y sutil, me estoy peleando con la situación, le estoy poniendo tensión y esfuerzo.

Conclusión: La constante lucha interior conmigo misma es agotadora

Mi conclusión después de haber sentido los resultados de esa pelea interior constante, de estar en pie de guerra casi en permanencia es que es agotador, que no vale la pena, que me estoy creando yo misma una forma de vivir que no me deja descansar, ni a mi ni a los que están a mi alrededor.

Realmente no vale la pena y siento que los años de pelea para las mujeres tienen que llegar a su fin.

Yo al menos he tomado la determinación de dejar de pelearme y de buscar formas más fáciles, y más naturales de conseguir lo que yo quiero.

Si deseas trabajar en ti, y saber cómo he aprendido a conseguir lo que quiero sin pelearme ni estar en pie de guerra, tanto conmigo como con mi entorno, te animo a asistir al retiro que organizo en octubre de este año cerca de Valencia. Más información del retiro>>

Cuéntame en los comentarios si alguna vez te has sentido de esta manera.



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