Querido enemigo hasta que encontré el valor

Punto inicial

El deporte es mi gran pasión. Al nacer no traía un pan bajo el brazo, traía un balón de futbol. Desde que tengo uso de razón los momentos de ocio en que me he sentido más presente y vivo han estado vinculados a este deporte, motivo por el que no he dejado de practicarlo nunca. Inicialmente como un juego y con el paso del tiempo, al tener un decente equilibrio entre aptitud y actitud, como una forma de vida y hasta como una profesión con la que me gané la vida durante un tiempo.

¿Qué paso?

A partir de los 16 años, mis prioridades y las de mi entorno de amigos, tanto los vinculados como los de otras esferas de mi vida, cambiaron. La fiesta, el cachondeo, las chicas…se posicionaron a una velocidad incontrolable en los primeros puestos de mi lista de prioridades. En definitiva, lo normal en cualquier chico de esa edad. La etapa de juveniles (16-18 años), clave a la hora de determinar la medida en que vas a dedicarte al futbol en un futuro, la compatibilicé con una cierta solvencia, pero cometí el error que me acompañaría durante mucho tiempo: comenzar a fumar. Al principio de manera esporádica, los clásicos cigarros de fiesta; posteriormente, ya en etapa amateur compitiendo en categorías de un cierto nivel y percibiendo un cierto salario por ello, con mayor frecuencia hasta fumar prácticamente un paquete diario. Mi capacidad de sacrificio y mi entrega en los entrenamientos me permitió compensarlo durante un cierto tiempo, pero en realidad el rendimiento fue bajando progresivamente, lo que me relevó al banquillo y la consiguiente pérdida de ilusión para con el futbol. Intenté dejarlo sin éxito en algunas ocasiones, algunas de ellas incluso habiendo bajado hasta dos categorías, pero no pude. Mi adicción era más fuerte que yo.

¿Qué te ayudo a cambiar?

Probablemente, hubieron otros factores que contribuyeron a mi “fracaso deportivo”, pero creo sinceramente que fumar tuvo un cierto peso específico. No sólo por su efecto directo en mi estado físico, sino por la vinculación de éste con el mundo mental y emocional, claves también el mundo del deporte. Sin embargo, no fui capaz de ser realmente consciente de esto entonces, ninguna de las veces que intenté dejarlo. De hecho, no fui consciente hasta hace 10 meses, al acabar el Master de Desarrollo Personal y Liderazgo de Borja Vilaseca. El transformador proceso de autoconocimiento y desarrollo personal que supuso para mi este viaje, ofreciéndome una nueva mirada con respecto a mí mismo a través de diferentes herramientas y técnicas como por ejemplo el yoga, la alimentación energética y la respiración a través del método Vivation, o el trabajo con mis creencias a través del método ‘The Work’ me permitió cambiar mi perspectiva de muchas cosas. Me hicieron consciente, entre otras, de dos cosas fundamentales: en primer lugar, la importancia de cuidar nuestro cuerpo, no por la imagen ni sólo por la salud física, sino por su impacto en la salud emocional y mental; en segundo lugar, la limitante creencia de que cualquier emoción era menos potente sin un cigarro.

¿En qué punto te encuentras ahora?

A día de hoy, me siento más consciente, más centrado física, mental y emocionalmente, y más conectado al presente. Mi autoestima y autoconfianza han aumentado de una manera radical y me siento empoderado para superar cualquier obstáculo que yo mismo ponga en el camino. Lo que se traduce en 10 meses sin fumar y lo que es más importante, sensación de cero esfuerzo para conseguir dejar de sentirme un esclavo del tabaco.



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