Me presento
Soy Danye, psicóloga sanitaria infantil, juvenil y familiar, y docente. Desde 2015 acompaño a niños, niñas, adolescentes y familias en sus procesos emocionales, relacionales y de desarrollo.
Me gradué como psicóloga en Venezuela, donde empecé a trabajar en el ámbito de la neurodiversidad, acompañando a personas con discapacidad en un taller laboral. Aquella experiencia marcó profundamente mi forma de mirar la psicología: me enseñó la importancia de comprender a cada persona desde su historia, sus necesidades, sus recursos y su entorno.
Más adelante continué mi formación en España, especializándome en psicología clínica infantil y juvenil. Después profundicé en el campo del neurodesarrollo y realicé un máster en autismo. Desde entonces, he acompañado a muchas familias, niños/as y adolescentes con perfiles de autismo, TDAH, altas capacidades y dificultades de aprendizaje, siempre desde una mirada respetuosa, integradora y no capacitista.
Con los años, fui comprendiendo que el bienestar de un niño/a o adolescente no puede entenderse de forma aislada. Por eso me formé también en terapia sistémica breve, incorporando la importancia de la familia, la escuela, los vínculos y el contexto en cada proceso terapéutico.
Mi trabajo también me llevó a mirar con más profundidad la historia de cada persona: sus experiencias, sus formas de protegerse, sus vínculos, el apego y las huellas que algunas vivencias pueden dejar en el cuerpo y en el sistema nervioso. Desde ahí me adentré en el estudio del trauma y me formé en terapia EMDR.
Actualmente soy Clínico EMDR, especializada en población infantil y juvenil, y acompaño procesos relacionados con trauma, duelo, regulación emocional, apego, neurodesarrollo y dificultades familiares.
Además, actualmente continúo ampliando mi formación en neuropsicología, lo que me permite integrar una mirada más completa sobre el desarrollo, el aprendizaje, la atención, las funciones ejecutivas y el perfil cognitivo de cada niño/a o adolescente.
Mi forma de trabajar parte del vínculo, la seguridad y el respeto al ritmo de cada persona. Para mí, la terapia no es un espacio para juzgar ni para “corregir” quién es alguien, sino un lugar donde poder comprender qué está ocurriendo, poner palabras a lo que duele y construir nuevas formas de cuidarse, relacionarse y estar en el mundo.
Además de mi trabajo clínico, compagino la consulta con la docencia en másteres de psicología clínica, autismo y neurodesarrollo.