Soy Elisa Caballero, de madre Británica y padre Jerezano. Tengo la influencia de las dos culturas, además de ser una madrileña que lleva más de 20 años en Granada.
Como veréis, mi recorrido profesional está estrechamente ligado a quien soy y cómo se conforma mi identidad, mi forma de vida.
Soy licenciada en Psicología, una etapa que me regaló una base sólida y un profundo respeto por la complejidad del ser humano. Durante esos años me sumergí en libros, teorías y enfoques que intentaban explicar la conducta y el sufrimiento, encontrando en la corriente cognitivo-conductual una forma estructurada y clara de abordar a la persona.
Sin embargo, con el tiempo sentí la necesidad de ir más allá de lo aprendido, de cuestionar lo excesivamente rígido y de desaprender ciertas formas demasiado técnicas que, a veces, dejaban poco espacio a lo esencial. Así comenzó un camino más honesto y humano, en el que decidí integrar más corazón a mi profesión.
Hoy entiendo la psicología no solo como una disciplina, sino como una forma de estar con el otro: desde la presencia, la escucha real y el vínculo. Porque más allá de los modelos teóricos, creo profundamente que es en el encuentro auténtico donde ocurre lo verdaderamente transformador.Mi primera incursión en el mundo de la Gestalt fue a través de una formación de educación emocional. Aquí experimenté la primera mirada hacía mí. Aprendí a nombrar las emociones y a darles un espacio propio. Más adelante me formé en terapia Gestalt. En este camino de vida, voy aprendiendo que enfermamos en las relaciones pero también sanamos en ellas. Aprendo a cuidar y tratar las heridas con el cariño y el respeto que merecen y a honrar y desprenderme de mis mecanismos y patrones.
humano.
Debido al punto de inflexión que supuso en mi vida la terapia Gestalt , me adentré en la psicología transpersonal a través del programa SAT, profundizando en una mirada más amplia que integra la dimensión emocional, corporal y espiritual de la experiencia.
De este proceso aprendo mirando al carácter de cerca. Descubro como ir hacia una expresión más auténtica y amorosa de mí misma. También a poner una mirada más espiritual y contemplativa en el proceso.
Además de la mirada individual, siempre ha vivido en mí una profunda curiosidad por comprender lo social: cómo el contexto, la cultura y las estructuras influyen en la experiencia de cada persona. Esta inquietud me llevó a ampliar mi formación con un Máster en Género y Estudios de las Mujeres (GEMMA), así como con otro en Intervención en Violencia de Género.
Ambos recorridos me permitieron integrar una perspectiva más amplia y crítica, entendiendo que el sufrimiento humano no puede desligarse de las realidades sociales en las que se inscribe, y reforzando mi compromiso con una práctica sensible, consciente y comprometida.
A través de mi recorrido personal y profesional tengo una mirada humanista y holística que se ha especializado en Trauma y terapia Sistémica. Estos tres pilares, junto a la Gestalt ,además de la propia carrera de Psicología, me dan una base, un entendimiento y la capacidad de acompañar a las personas en sus diferentes dificultades y sufrimientos, aportándome las herramientas necesarias para poder hacer un trabajo de psicoterapia relacional profundo.
Desde hace años, mi forma de acompañar ha ido integrando de manera cada vez más consciente y profunda la comprensión del trauma. Las distintas formaciones en este ámbito me han permitido ampliar la mirada y reconocer hasta qué punto muchas de las dificultades que experimentamos tienen su raíz en experiencias que desbordan nuestra capacidad de integración, dejando una huella en el cuerpo, en la emoción y en la forma de relacionarnos.
Entiendo el trauma no solo como un hecho puntual, sino como un proceso que impacta en el sistema nervioso, en la percepción de seguridad y en la manera en que habitamos el presente. Por ello, considero esencial incluir esta perspectiva en el acompañamiento terapéutico, ofreciendo un espacio que no solo invite a comprender, sino también a regular, sostener y reparar.
Mi trabajo pone especial atención en crear un entorno seguro, respetuoso y ajustado al ritmo de cada persona, donde el vínculo terapéutico se convierte en una herramienta fundamental. Desde ahí, acompaño procesos que integran la dimensión cognitiva, emocional y corporal, favoreciendo una reconexión progresiva con uno mismo y con la propia capacidad de autorregulación.
Incorporar la mirada del trauma no es solo una elección teórica, sino un compromiso ético: el de acompañar desde la sensibilidad, el cuidado y el profundo respeto por la historia única de cada persona, entendiendo que sanar no es forzar, sino permitir que, poco a poco, lo que quedó interrumpido pueda encontrar un nuevo lugar.
Entiendo que el acompañamiento terapéutico va más allá de la formación teórica. Para poder sostener los procesos de otras personas, considero fundamental haber transitado un camino propio de autoconocimiento y trabajo personal.
Mi propio proceso terapéutico me ha permitido desarrollar una mirada más consciente, sensible y respetuosa hacia el sufrimiento humano, así como una mayor capacidad de escucha y presencia en el encuentro. Desde ahí, la terapia se convierte en un espacio genuinamente humano, donde no solo pongo al servicio mis conocimientos, sino también mi implicación y mi manera de estar con el otro.