Soy Estefanía Rodríguez Rodes, fisioterapeuta de vocación y terapeuta por naturaleza.
Desde pequeña supe que lo mío era cuidar, tocar, aliviar. Y tuve la suerte de crecer rodeada de camillas, aceites y conversaciones sobre el cuerpo gracias a mi padre, Luis Rodríguez —más conocido como “Luis el masajista”—, pionero en la zona y fundador de esta clínica en 1985. Él me transmitió su amor por la fisioterapia, su entrega absoluta al paciente y su forma de ver la salud como algo integral.
Me formé como fisioterapeuta y, desde que terminé la carrera en 2007, he seguido ampliando horizontes a través de nuevas técnicas y enfoques, siempre con un pie en la ciencia y otro en la sensibilidad del trato humano.
Trabajo desde la escucha, la presencia y el respeto por el ritmo de cada persona. Me apasiona la terapia manual, pero también acompaño desde el ejercicio terapéutico, la respiración, la reeducación postural y herramientas más holísticas que sigo incorporando a medida que sigo formándome y creciendo con cada paciente.
Hoy, más de tres décadas después de aquel comienzo humilde, la clínica se ha convertido en un espacio vivo, acogedor y en constante evolución. Aquí cuidamos no solo lesiones, sino personas. Y lo hacemos desde el corazón, las manos… y una historia que sigue latiendo.