Desde muy joven sentí el deseo de ser psicoterapeuta. Al principio soñaba con ser detective: quería resolver misterios… y, de alguna forma, eso es lo que sigo haciendo en la terapia. Siempre me ha movido una curiosidad profunda por entender cómo cada persona llega a ser quien es, cómo sufre y qué necesita para recuperar el bienestar.
Estudiar Psicología me dio algunas pistas, pero comprendí pronto que necesitaba seguir formándome. Realicé el Máster en Terapia Cognitivo-Social en la Universidad de Barcelona, que me permitió desarrollarme como terapeuta constructivista y sistémica y colaborar durante más de quince años en un grupo de investigación. En paralelo, inicié mi labor como docente y supervisora de terapeutas, tanto en la universidad como en distintos programas de formación.
Con el tiempo, mi trabajo con parejas me llevó a encontrar un nuevo misterio: la repetición de ciertos patrones relacionales que no lograba explicar del todo. Cursar el posgrado en Malestares de Género en la Escuela ESEN fue revelador. La perspectiva feminista encendió una luz que me permitió comprender con mayor profundidad cómo la desigualdad y la socialización de género atraviesan nuestra subjetividad y nuestras relaciones.
Esa comprensión transformó mi forma de hacer y enseñar terapia. Junto a Dámaris Muñoz, impulsé el primer posgrado universitario en Feminismo y Psicoterapia (Universidad de Barcelona), y más tarde, junto a un grupo de supervisión, fundamos la Escuela de Psicoterapia Constructivista, Sistémica y Feminista.
Mi propósito sigue siendo el mismo: reparar la deuda histórica que la psicoterapia tiene con las mujeres y seguir explorando, con curiosidad y compromiso, los misterios de lo humano.