Ayer recibimos la Guía de Buenas Prácticas para el uso de Google Workspace for Education y la Protección de Datos de la Junta de Andalucía.
Sobre el papel, todo parece muy razonable: uso seguro, responsable, fines educativos, protección de datos, buenas prácticas…pero como psicóloga me surge una pregunta: ¿es realmente consciente la Consejería de Educación de la realidad del contexto social en el que estamos introduciendo estas herramientas?
En la guía se pide responsabilidad a docentes, familias y, ¡ojo!, también al propio alumnado: proteger contraseñas, ser conscientes de la información que comparten, controlar la privacidad, identificar riesgos, leer y comprender las normas de uso…¿de verdad alguien cree que podemos pedirle a un menor de 12 años que utilice un dispositivo únicamente para hacer una tarea y que sea capaz de no entrar en un juego, un vídeo o cualquier otra aplicación?
No se trata simplemente de explicarles cómo utilizar bien la tecnología. La autorregulación, el control de impulsos, la atención y la gestión del tiempo son capacidades que todavía están en desarrollo. Y esto preocupa especialmente cuando, al mismo tiempo, estamos viendo a nivel europeo un debate creciente sobre la necesidad de retrasar o limitar el acceso de los menores a determinados entornos digitales, precisamente por las dificultades que existen para gestionar su uso.
Classroom no es una red social pero existe una contradicción en el enfoque preventivo: si estamos reconociendo que incluso adolescentes tienen dificultades para autorregular determinados usos digitales, ¿por qué damos por hecho que un niño de Primaria va a poder hacerlo de forma autónoma? La propia guía de la Junta reconoce la “dependencia tecnológica” como un riesgo del uso de la plataforma y señala la necesidad de disponer de alternativas que no dependan exclusivamente de la tecnología. Faltaría más…
No estoy en contra de que nuestros hijos aprendan competencia digital. Pero ¿no puede limitarse este aprendizaje al centro educativo, con supervisión del profesorado? ¿Es realmente necesario trasladarlo también a casa a estas edades?
Yo voy a hacer llegar un escrito a la Consejería de Educación con estas preocupaciones. Aunque no sé hasta qué punto seré escuchada, considero que, al menos, hay que reclamar y dejar constancia.
Antes de seguir digitalizando la educación, creo que deberíamos preguntarnos:
¿Qué necesita realmente la infancia para aprender, desarrollarse, adquirir autonomía y llegar preparada a la siguiente etapa?
Y lo más importante: ¿qué hacemos en la práctica? ¿Los dejamos solos con el dispositivo confiando en que aprendan a utilizarlo de forma autónoma, aun sabiendo que su capacidad de autorregulación todavía está en desarrollo? ¿O tenemos que estar continuamente supervisando y controlando su uso, con el riesgo de que esa autonomía que queremos fomentar se quede en un segundo plano?
Personalmente, me preocupa más que aprendan a ser autónomos que la adquisición cada vez más temprana de competencias digitales.
¿Y vosotros qué pensáis?




