Confiemos en la capacidad de nuestros hijos para resolver las enfermedades agudas.
Día tras día acompaño a las familias en los procesos agudos de sus hijos: fiebres, otitis, resfriados, diarreas, sarpullidos… Las fuerzas vitales de los niños, sus fuerzas de curación, son inmensas. Lo podemos ver en una fiebre. A los adultos nos cuesta hacer fiebre medianamente alta. Si llegamos a 38 ºC nos encontramos FATAL. Los niños hacen fiebre de 39 ºC con gran facilidad. De la misma manera, tienen grandes fuerzas a su disposición para resolver esos procesos agudos que les afectan tan a menudo. Confiemos en la capacidad del cuerpo para resolver aquellos procesos que van atravesando. Intentemos no suprimir sus síntomas. El cuerpo se está expresando y está compensando algún desequilibrio. Si suprimimos el síntoma (antitérmico, cortisona, antibiótico), el cuerpo no puede hacer su proceso.
Desde luego, esto no implica “no hacer nada”. Los padres deberían informarse y saber qué debe preocuparles y qué no. Dejaros guiar también por esa maravillosa intuición que tenemos las madres (sí, los padres también). Cuántas veces una madre le dice al pediatra: “es que no está bien”, aunque nosotros en ese momento no seamos capaces de ver el problema.
En futuros artículos iré compartiendo remedios sencillos para acompañar problemas de salud comunes.


