
Muchas veces se piensa que sentirse bien con uno mismo depende de tener una buena autoestima. Sin embargo, existe otra forma más estable y saludable de relacionarnos con nosotros mismos: la autocompasión. Ambas están relacionadas con el bienestar psicológico, pero no son lo mismo.
La autoestima es una evaluación positiva de la valía personal. Es decir, cuánto nos gustamos o cuán capaces creemos que somos. Suele basarse en aspectos como: logros (notas, trabajo, éxito), comparaciones con otras personas, opinión de los demás. Nos exige ser buenos en algo, por encima de la media, ser una persona especial.
El problema que presenta la autoestima es que puede subir o bajar fácilmente. Cuando las cosas van bien, nos sentimos valiosos. Cuando fallamos, nos sentimos insuficientes.
Además, resulta imposible que todo el mundo esté, en un determinado momento, por encima de la media. Si bien puede haber algunas áreas en las que sobresalgamos, siempre habrá alguien más atractivo, más exitoso o inteligente que nosotros, lo que significa que, cada vez que nos comparemos con esas personas “mejores”, nos sentiremos fracasados.
El deseo de vernos por encima de la media puede alentar una conducta desagradable como abusar de los demás, para sentirme más fuerte que la otras personas. También puede alentarnos a mantener prejuicios hacia los demás al creer que nuestro grupo étnico, nuestro género o nacionalidad es mejor que el de otras personas.
La autocompasión no es un juicio ni una evaluación, es una forma de relacionarnos con amabilidad y aceptación con el paisaje siempre cambiante de quienes somos, especialmente en los casos en que fracasemos o nos sintamos inadecuados.
Implica ser amables con nosotros mismos, recordar que todos los humanos se equivocan, que todos somos imperfectos. La autocompasión no depende de hacerlo bien o mal. Está presente tanto en el éxito como en el error. Tampoco depende de las circunstancias como el atractivo físico. Proporciona una sensación de valía que no exige ser perfecto ni mejor que los demás, una sensación de valía más estable a lo largo del tiempo.
La autoestima dice: “Me siento bien conmigo porque lo estoy haciendo bien.” La autocompasión dice: “Aunque no me vaya bien, me trato con respeto y comprensión.”
Si suspendes un examen desde la autoestima te dirás: “He suspendido, entonces no soy suficiente.” Desde la autocompasión puedes decirte: “He suspendido y es normal que me sienta mal.” “Puedo aprender de esta experiencia y seguir adelante.”
La autoestima es inestable. La autocompasión, en cambio, es más constante y protege mejor nuestro bienestar emocional. No depende de ser perfecto, sino de cómo nos tratamos cuando cometemos un error.
Tengo un blog donde me gusta compartir información del mundo de la psicología y el crecimiento personal llamado Piensabien.es Además también ofrezco terapia Cognitivoconductual y terapia de Compasión. Ver más