Septiembre huele a nuevos comienzos. Aunque no vayas al colegio ni te compres una agenda, el cambio de estación despierta un impulso interno: resetear, volver a empezar. Pero, ¿y si lo que se acumuló durante el verano no se borra con un “ahora sí”? Este artículo está pensado para ti, que repites ciclos de consumo compulsivo, y también para ti, que acompañas desde el amor y la impotencia. Hablemos de cómo empezar, de verdad, y por qué septiembre puede ser el momento perfecto para hacerlo.
Septiembre huele a cuadernos nuevos, a agendas sin tachones, a intenciones frescas.
Aunque no pises un aula desde hace años, sabes de qué te hablo.
Es ese impulso interno que llega con el cambio de estación.
Un «ahora sí». Un «venga, empiezo».
Y justo ahí, en ese punto, es donde muchos intentan dejar atrás lo que el verano ha desbordado.
Excesos. No solo de sol, de playa o de horas sin dormir.
También de consumo.
Alcohol, porros, pastillas, apuestas, sexo, comida, redes, compras…
El verano lo permite todo. Y septiembre lo señala todo.
Pero, ¿qué pasa si no puedes parar?
¿Y si ese “ahora empiezo” ya lo dijiste en junio? ¿O en enero? ¿O el septiembre pasado?
Este episodio es para ti.
Y también para ti, que estás al lado. Que ves cómo se repite la historia. Que no sabes si ayudar o dejar que se estrelle.
Hoy hablamos de volver. Pero no a clase. Sino a ti.
El verano se vende como una época de desconexión, pero para muchas personas con consumo compulsivo, es justo lo contrario.
¿Por qué?
Porque la rutina desaparece. Y cuando la estructura cae, aparecen los vacíos. Y esos vacíos se llenan como cada uno puede… o como cada uno ha aprendido.
Neurobiológicamente, cuando repetimos un patrón de consumo en momentos de descanso o recompensa, el cerebro lo registra como algo que «merecemos».
Dopamina, serotonina, endorfinas… El sistema de recompensa se activa.
Y septiembre, de pronto, se convierte en una cuesta emocional. Porque el cuerpo quiere seguir, pero la vida exige parar.
Ejemplo:
Javier, 34 años, no puede dormir sin fumar porros. En verano, el consumo se duplica. En septiembre, vuelve al trabajo y no rinde. Se siente culpable. Vuelve a fumar. Otra vez la rueda.
¿Has oído hablar del síndrome del lunes? Esa pereza, esa ansiedad anticipatoria…
Con las adicciones, septiembre es como un gran lunes.
Pero no hablamos de volver al trabajo, sino de enfrentarse a uno mismo.
Quienes consumen compulsivamente suelen vivir una desconexión emocional profunda.
Y cuando todo se frena, como en septiembre, reaparece lo que dolía: la ansiedad, el vacío, el conflicto interno.
Dato científico:
Estudios en psicología clínica apuntan que la falta de estructura y la sobreestimulación del verano pueden actuar como disparadores para personas con conductas adictivas latentes. (Universidad de Yale, 2020)
Septiembre es un inicio simbólico. Y eso, psicológicamente, es oro.
Nuestro cerebro responde bien a los hitos temporales. A los comienzos.
Lo que en psicología se llama «fresh start effect»: el efecto del nuevo comienzo.
¿Y si en lugar de obsesionarte con “controlar”, eliges pedir ayuda?
Pedir ayuda no es rendirse.
Es dejar de luchar solo.
Es elegir vivir de otra manera.
Ejemplo emocional:
Marina lleva años diciendo que en septiembre lo deja. Que por sus hijos. Que por su salud. Pero nunca puede.
Este septiembre, su hermana llamó a una terapeuta. No para obligarla. Sino para entender cómo acompañarla.
Y ese gesto fue el que lo cambió todo.
Si estás escuchando esto porque alguien que quieres consume…
Quizá este septiembre también te pesa.
Vives con miedo, frustración, impotencia.
Has intentado controlar, esconder, amenazar, llorar.
Nada ha funcionado.
Pero ¿y si no es tuyo para controlar, sino para comprender?
No lo hagas todo tú. No es sostenible.
Busca acompañamiento profesional.
Infórmate. Aprende a poner límites sin castigar. A sostener sin cargar.
Tip científico:
La codependencia emocional es común en familiares de personas con adicciones. Implica asumir el rol de salvador o controlador, lo cual perpetúa el ciclo. (Asociación Americana de Psicología, APA)
A veces, no necesitas salvarle. Solo no hundirte con él.
No necesitas tenerlo todo claro.
No necesitas saber si “tienes una adicción” o no.
Solo necesitas ser honesto con esto:
¿Estoy repitiendo algo que me hace daño?
¿Estoy perdiendo cosas importantes por esto?
¿Estoy dejando de ser quien era?
Si la respuesta es sí, es el momento de moverte.
No hace falta tocar fondo.
Solo hace falta decidir dejar de excavar.
Y si acompañas a alguien, también tú puedes empezar.
Quizá no él o ella. Pero tú sí.
Este septiembre puede ser el mismo de siempre.
O puede ser distinto.
Quizá no necesites una hoja nueva, sino un cuaderno nuevo.
Una guía. Un espacio donde te escuchen. Donde no tengas que fingir que puedes con todo.
No esperes a que llegue otro enero, otro lunes, otro septiembre.
Este es tu momento.
Escríbelo. Pídelo. Di: “necesito ayuda”.
Y si no puedes decirlo tú, que alguien lo diga contigo.
Porque nadie sale solo de donde se pierde acompañado.





