Se puede decir que ni una sesión de análisis ni un poema sirven al propósito de la comunicación. Más bien, en ellos se fuerzan los resortes de la maquinaria del pensamiento, tomando la palabra en su materialidad juegan con el lenguaje violentando el efecto de cristalización de sentido que produce el uso corriente de la lengua.
En ambos casos, el uso poético de la lengua hace estallar las significaciones estandarizadas, obteniendo tanto un efecto de verdad como de agujero. En esa dirección es que se apartan del circuito de la comunicación, atendiendo a otros propósitos que burlan el principio de utilidad directa, imperante en el uso cotidiano de la lengua. Ambos buscan aproximarse mejor a lo imposible de decir, producir un significante nuevo.
Efecto de verdad y de agujero. Ese instante de ver tan revelador, un relámpago de (sin)sentido que sorprende y conmueve al sujeto en quien resuena. Un despertar que opera al modo de un resplandor.
María Sette




