Reflexiones de final de curso
Casi sin darme cuenta, ya estamos en julio. ¡Qué rápido pasa el tiempo!
Me gusta parar de vez en cuando y mirar hacia atrás. Hacer balance. Observar lo vivido, lo recorrido, lo que cambió. Me ayuda a tomar conciencia, a integrar lo que ha pasado y a enfocarme mejor en lo que viene.
Suelo hacer este ejercicio al terminar el año o cuando acaba el curso. Esta vez, quiero compartirlo contigo justo ahora, terminando un curso que ha sido probablemente uno de los más transformadores de mi vida.
Septiembre y las despedidas
El curso empezó con muchos “hasta luego” y “adiós”. Era poner un punto en las consultas por unos meses para cuidar de mí en las últimas semanas del embarazo.
Algunos procesos terapéuticos llegaron a su final (quizás definitivo, quizás temporal, ya se verá con el tiempo). Otros procesos se quedaron en pausa hasta mi vuelta (algunos volverían a retomar y otros no, ¡en 5 meses pasan muchas cosas!).
También dejé la consulta presencial en Atocha. Decidí que me volcaría en el formato online, que me permite conciliar mejor el nuevo rol de madre con el trabajo. La mitad de los procesos ya eran online, así que sería una transición natural, aunque seguro con algo de nostalgia. Sé que volveré a la terapia presencial, pero aún no sé cuándo ni dónde.
Ser mamá
Ser madre. Todavía lo estoy procesando. Es algo tan grande, tan transformador, que necesita tiempo para ser digerido. Es algo que me atraviesa y toca todas las facetas de mi vida.
Es una revolución muy bonita. Un amor nuevo. Un aprendizaje constante. También un equivocarme sin parar. Es un profundo reconocimiento a todas las madres y padres que lo han sido de verdad (porque parir o poner el semen no es lo que te convierte en madre o padre).
Es buscar red, tejer tribu, compartir desde la vulnerabilidad. Es vivir en presente continuo, a veces con gusto y otras con resistencia. Es querer detener el tiempo y, en algunas ocasiones, desear que pase más rápido. Un carrusel emocional, inmenso, humano.
Y sí, tengo muchas ganas de seguir acompañando a mujeres gestantes y a madres. Y de seguir formándome en ello. Porque necesitamos ese acompañamiento en uno de los momentos más sensibles, potentes y, a veces, solitarios de la vida.
Aterrizar y conciliar
Y en medio de todo esto… ¡toca volver al trabajo!
La conciliación real (cuando quieres criar de verdad a tu criatura y también trabajar) no encaja bien con cómo está organizado el mundo laboral. Se espera que seamos productivas como si no hubiéramos parido, y entregadas como madres como si no trabajáramos. Y no. No se puede.
Me siento muy afortunada de haber podido parar, de haber puesto el foco en mi pequeño en los meses de permiso, y también en este tiempo posterior, más difuso, de aterrizaje y empezar con la conciliación.
He retomado algunos procesos anteriores y también he dado la bienvenida a nuevos caminantes. Estoy trabajando a un ritmo suave, poco a poco, intentando encontrar el equilibrio.
No ha sido fácil organizar tiempos. En consulta es más sencillo: estoy presente, centrada. Lo complicado es encontrar momentos para todo lo demás: preparar casos, facturación, revisar materiales… y, claro, seguir con mi vida y cuidar de mi hijo. Manejar exigencias internas, y también las culpas.
Y, por si fuera poco, decidí rehacer la web. Pensé que sería algo rápido, casi un copiar y pegar… y no. Me está llevando mucho más tiempo del que esperaba. No me gusta cómo está ahora, no me representa del todo, pero por el momento es lo que hay. Otro aprendizaje más: priorizar, soltar, asumir que no llego a todo. Ir paso a paso.
Hasta aquí mis reflexiones de final de curso. Como ves, ha sido un año muy intenso y especial.
Gracias por leerme, ¡nos vemos en el camino!.
Leticia Acevedo · Psicóloga sanitaria M-20699
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