Hola,
mi nombre es Alicia Manzano y soy Terapeuta y Coach Emocional, especializada en resolución de conflictos y facilitadora de Comunicación No Violenta (CNV).
Hay algo que me lleva tiempo incomodando. No es un pensamiento puntual. Es una sensación que vuelve una y otra vez.
Escucho a jóvenes. Observo lo que ocurre. Veo cómo se relacionan. Y algo dentro de mí se pregunta:
¿En qué momento dejamos de enseñarnos a vincularnos de verdad?
Todo ocurre demasiado rápido.
Hay algo que me impacta especialmente: La velocidad. Relaciones que empiezan en días.
Intimidades que llegan casi sin conocerse. Experiencias que se acumulan sin tiempo para sentirlas. Chicas y chicos muy jóvenes que ya han vivido mucho, pero no siempre han podido integrar nada.
Y no lo digo desde el juicio. Lo digo desde la inquietud. Porque cuando todo pasa tan rápido…
¿ cuándo se siente?
¿ cuándo se comprende?
¿ cuándo se cuida?
No es libertad, es desconexión.
Podría parecer que esto es libertad. Más experiencias. Más opciones. Más apertura. Pero lo que muchas veces percibo no es libertad. Es desconexión. Desconexión de lo que se siente. Desconexión del propio cuerpo. Desconexión del otro. Como si las relaciones se vivieran, pero no se habitaran.
Hay algo que me duele especialmente ver, Relaciones donde hay contacto, pero no hay vínculo. Donde hay intensidad, pero no hay presencia. Donde hay cercanía física, pero no hay intimidad emocional.
Y esto no es una crítica. Es una pregunta:
¿Quién les ha enseñado a vincularse?
El consumo también ha llegado al amor.
Vivimos en una sociedad donde todo se consume. Contenido. Experiencias. Personas. Y a veces siento que las relaciones están entrando ahí también.
Conocer, probar, sentir algo rápido y pasar a lo siguiente. No porque no quieran amar. Sino porque no saben cómo sostener.
Porque detrás de todo esto, hay algo que no siempre vemos:
Jóvenes que:
- quieren ser vistos
- quieren sentirse importantes
- quieren conectar de verdad
Pero que han aprendido a hacerlo desde la rapidez, no desde la profundidad. Desde la validación externa, no desde la conexión interna.
La emoción sin espacio.
Sienten mucho. Pero no siempre tienen espacio para sostener lo que sienten. No siempre tienen lenguaje emocional. No siempre tienen referentes. No siempre tienen adultos que sepan acompañar sin juzgar.
Y entonces hacen lo que pueden. Como pueden.
Y aquí es donde me pregunto:
¿De verdad el problema es lo que hacen?
¿O el problema es lo que no les hemos enseñado?
Porque si no saben:
- qué sienten
- qué necesitan
- cómo expresarlo
¿ cómo van a construir relaciones conscientes?
Desde la CNV, la mirada cambia.
Cuando miramos lo que está pasando con los jóvenes desde fuera, es fácil quedarnos en la superficie. En la conducta. En lo que vemos. En lo que nos impacta.
Y desde ahí, el juicio aparece casi sin darnos cuenta:
“Van demasiado rápido.”
“No valoran las relaciones.”
“No saben lo que hacen.”
Pero la Comunicación No Violenta nos invita a hacer algo muy distinto: ir más allá de lo visible. Pasar de juzgar a comprender.
Desde la CNV, entendemos que todo comportamiento humano, también el que no comprendemos, es un intento de cubrir una necesidad.
Esto lo cambia todo. Porque deja de tratarse de:
“¿Qué están haciendo mal?”
Y pasa a ser:
“¿Qué están intentando cuidar con esto?”
Cuando una persona encadena relaciones, busca intensidad constante o vive el vínculo desde la rapidez, podemos empezar a mirar con otra lente:
Quizá hay:
- una necesidad profunda de conexión
- una necesidad de sentirse vist@ o elegid@
- una necesidad de pertenecer
- una necesidad de validar su propio valor
Y cuando esas necesidades no están cubiertas de forma estable, se buscan una y otra vez. No desde la conciencia. Desde la urgencia.
El problema no es la necesidad, es la estrategia
Aquí está uno de los puntos más importantes de la CNV:
Las necesidades son legítimas. Siempre. Lo que genera dificultad son las estrategias.
Cuando una persona busca conexión a través de relaciones rápidas, no hay nada “incorrecto” en su necesidad. Lo que ocurre es que la estrategia puede no sostener lo que realmente necesita. Y entonces aparece el vacío. Y vuelve la búsqueda.
Cuando hacemos este cambio de mirada, algo muy profundo ocurre: Dejamos de ver conductas que nos incomodan y empezamos a ver personas intentando sostenerse como pueden.
Y eso no significa justificar todo. Significa entender antes de reaccionar.
Significa poder decir:
“No comparto esta forma de relacionarte
pero puedo ver que hay algo importante para ti detrás de esto.”
Y desde ahí, la conversación cambia completamente.
Lo que la CNV aporta a los jóvenes (y a quienes los acompañamos).
La CNV no les da normas. Les da conciencia.
Les ayuda a:
- poner nombre a lo que sienten
- entender qué necesitan realmente
- diferenciar impulso de elección
- expresar sin dañarse ni dañar
Y esto, en un entorno donde todo es rápido e inmediato, es profundamente transformador.
Más allá de cómo se relacionen con otros, la pregunta importante es:
¿Saben relacionarse consigo mismos?
Porque cuando una persona sabe:
- qué siente
- qué necesita
- cómo cuidarse
las relaciones dejan de ser una búsqueda constante y empiezan a ser un encuentro.
Quizá el mayor cambio no está en intentar que hagan las cosas de otra manera. Sino en acompañarles a comprender lo que hay dentro. En lugar de corregir, escuchar. En lugar de juzgar, preguntar. En lugar de imponer, acompañar.
Porque cuando cambiamos la forma de mirar, cambiamos también la forma de relacionarnos.
Y desde ahí, sí puede empezar algo distinto.
No es solo cosa de jóvenes.
Y aquí quiero ser muy clara. Esto no es solo cosa de ellos. Es reflejo de la sociedad que hemos construido.
Adultos que:
- no saben expresar emociones
- evitan el conflicto
- no se muestran vulnerables
No podemos pedirles algo que no hemos aprendido nosotras.
Lo que realmente me preocupa.
No es cuántas relaciones tienen. Es si saben lo que sienten en ellas.
No es con cuántas personas están. Es si saben estar con una.
No es lo que hacen. Es si saben relacionarse de verdad.
Porque aún estamos a tiempo.
Y esto es lo importante. No es un artículo para alarmar. Es un artículo para mirar. Para cuestionar. Para abrir conversación.
Porque si empezamos a introducir:
- educación emocional
- espacios de escucha
- formas conscientes de comunicación
algo puede cambiar.
No creo que esta generación esté perdida. Creo que está expuesta. Expuesta a demasiado, demasiado pronto y con muy pocas herramientas para sostenerlo.
Y quizá la pregunta no es qué hacen.
Sino:
¿Quién les está enseñando a amar?
Si te ha resonado este artículo, puedes leer más sobre CNV en mi blog. Puedes acceder directamente desde aquí.
Muchas gracias por leerme.
Alicia Manzano
www.aliciamanzano.com






