Nada estimula más a un cerebro humano que otro cerebro humano. Nada. Y nada daña más emocionalmente a un cerebro humano que otro cerebro humano. Somos un producto de nuestra historia, de cómo nos han tratado, de lo que han dicho sobre nuestra persona y de lo que no han dicho. También de aquello que no hicieron.
Cuando no nos tratan como merecemos nos rompemos por dentro, cual jarrón al golpear contra el suelo. Nuestras emociones y autoconcepto se dañan. El daño es directamente proporcional a la importancia de la persona que nos lo infringe. Las personas responsables de nuestra crianza y educación en la infancia, nuestro grupo de iguales en la adolescencia, la persona con la que intimamos, aunque no sea una pareja formal al uso. Hay etapas y personas más críticas que pueden causarnos un daño mayor y más complejo. Sin embargo no hay que menospreciar todas esas veces que por acción u omisión, alguien nos dañó. Esas heridas que, si no son atendidas como necesitan, pueden continuar sangrando.
«No permitas que tus heridas te transformen en alguien que no eres».
Paulo Coelho
En ocasiones el dolor es tan grande y tan complejo que solos no podemos afrontarlo. De hecho, muchas veces no somos conscientes de ese daño, de la violencia que se ha ejercido contra nosotros (incluida la omisión, esas cosas que tendrían que haber hecho por nosotros/as y no hicieron.). Si es así, no dudes en buscar ayuda profesional. Te animo a que rompas tus cadenas y te liberes de aquello que te tortura.
Qué hacemos con ese daño es nuestra responsabilidad. Podemos elegir lanzarlo contra nosotros, contra los demás, tratar de huir de él en una lucha fratricida contra nuestro yo. También podemos tratar de sanar y buscar nuestra mejor versión.

Puede parecer injusto ya que además de haber sido dañados, requerimos hacer una reflexión sobre el daño que hemos recibido y la influencia del mismo en nuestra forma de relacionarnos con los demás. Existe la tendencia natural a repetir patrones de forma automática. Hemos aprendido de aquello que nos hicieron que tanto nos dolió y sin embargo nosotros se lo hacemos a otras personas. Continuamos con una cadena que nos ata a nuestro dolor y que castiga a los demás. Esa reflexión es la única oportunidad para romper la cadena. El rapero Nach lo describe a la perfección en la canción que a continuación os comparto:
No eres responsable del daño que te han hecho, pero sí lo eres del que haces a los demás. Cuídate y quiérete para poder cuidar y querer a los demás. Hacer consciente nuestra historia, es la única forma de liberarnos y poder elegir quiénes queremos ser y qué huella queremos dejar en aquellos que nos rodean.

«Un hueso roto puede sanar, pero la herida que una palabra abre puede supurar para siempre».
Jessamyn West





