Hoy traigo al blog un tema de plena actualidad y gran interés por la capacidad de generar sufrimiento y malestar que tiene: la imagen corporal, es decir, cómo percibimos e interpretamos nuestro físico. Autores como Rosa María Raich señalan que al menos, el veinticinco por cien de nuestro autoestima depende de la valoración que hacemos de nuestro cuerpo. Y si, dice al menos porque es un porcentaje variable que puede alcanzar niveles muy elevados para ciertas personas. Lo que es común a todos y todas es que parte de nuestro valor se lo damos a cómo somos físicamente.
LA IMAGEN CORPORAL
Podemos definir la imagen corporal como la forma en la que nos percibimos, nos imaginamos, sentimos y actuamos de acuerdo con nuestro propio cuerpo. Es decir, al menos hay tres componentes en esta ecuación:
1.- cómo percibimos nuestro cuerpo,
2.- cómo evaluamos lo que percibimos,
3- cómo nos hace sentir lo que evaluamos y cómo actuamos tras esas emociones. La parte emocional es la que se enmarcan las experiencias de placer/displacer, satisfacción/ insatisfacción… que dan lugar a ciertas conductas como pueden ser las conductas de exhibición o todo lo contrario, conductas de evitación en aquellas situaciones de exposición del propio cuerpo a los demás.
La imagen corporal no es fija e inamovible, puede variar durante la vida. Aunque tiene un fuerte anclaje en nuestra historia de aprendizaje, concretamente en esos momentos críticos ( infancia y adolescencia) donde la persona es especialmente vulnerable.
INSATISFACCION CORPORAL
Una buena imagen corporal es un buen elemento protector para la salud mental, funciona como amortiguador para eventos estresantes y contribuye a un buen autoestima que permitirá a la persona ser más eficaz, ya que le hará sentirse más segura. Sin embargo una mala imagen va a ser fuente de malestar. La psicología de la apariencia lleva décadas investigando por qué hay personas que objetivamente son de una forma física y sin embargo se perciben e interpretan de forma totalmente contraria. El peso, la simetría, las formas y tamaños de diferentes partes del cuerpo son objeto de esa evaluación. Aunque sea comprobable y medible que no existe ningún síntoma de defecto, o que es mínimo, éste es capaz de generar gran malestar. Incluso cuando a estas personas, se les señala que no existe tal defecto o que no es tan grave cómo ellas interpretan, no aceptan estos comentarios. A menudo consideran que estas aseveraciones son producto de la piedad o del cariño de quien se lo dice. Por tanto podemos entender que más importante que cómo es físicamente la persona, es cómo se percibe e interpreta. Y esto es un proceso psicológico muy complejo en el que influyen gran cantidad de variables aprendidas durante la historia de la persona. Esa percepción e interpretación son susceptibles de ser modificadas. Y en este punto es donde entra la psicología para tratar ese sufrimiento. Si la insatisfacción corporal es suficiente como para generar una disminución de la calidad de vida, afectando a la salud mental, las diferentes terapias que se puedan aplicar tienen recursos e instrumentos específicos para tratarlo. El filósofo griego Epictecto, un miembro de la escuela estoica que ha sido mencionado en otros artículos por su influencia en el pensamiento moderno dijo: «lo que perturba a la gente no son los acontecimientos, lo que les sucede, sino la interpretación que hacen de ellos». Basándose en este precepto, la psicología ha visto nacer una terapéutica basada en la interpretación de los hechos.
«No dejes que tu mente acose a tu cuerpo»
June Tomaso Wood
O LA BELLA O LA BESTIA
Un ejemplo de los errores cognitivos que las personas cometen, esos pensamientos que perturban a las personas está en el pensamiento dicotómico. Si peso 3 kilos más de mi peso ideal voy a pensar «estoy hecho una vaca, mientras no adelgace me voy a ver horrible».Cuando caemos en este tipo de pensamiento, en la línea de blanco/ negro, todo/nada, donde no existen tonos o estadios intermedios, nos condenan a la mayor fealdad si no estamos en la más estricta belleza. Es un tipo de pensamiento muy frecuente que polariza el pensamiento en dos contrarios absolutos. Otro error cognitivo muy frecuente es el ideal irreal. La persona compara su físico con su apariencia ideal, centrándose ´únicamente en los defectos que percibe. «soy demasiado delgado/gordo/alto/bajo…»Podemos citar otro tipo de distorsión cognitiva conocida como la mente ciega. La persona minimiza o ignora sus aspectos físicos favorables. Como nos sentimos bien con ellos, no pensamos en ellos. Por ejemplo una persona muy atractiva que tiene una pequeña cicatriz en el mentón, y que le obsesiona y acompleja. Bien es cierto que desde un punto de vista cultural, se valora la prudencia y la mesura. Con lo que está mal visto presumir. Dicho lo cual la persona que presente este tipo de forma de pensar, no se permitirá valorar sus cualidades físicas positivas. Sin embargo se otorgarán a si mismas la potestad para criticar duramente aquello que no les guste.
Estas son solo algunas de las formas en que nuestra mente nos causa malestar, hay decenas de distorsiones que nos pueden torturar, devaluando nuestras cualidades físicas con una dureza desmedida.
NO ME SIENTO BIEN
¿Cuándo es necesario buscar ayuda? Buda, tras décadas dedicado a la meditación y aprendizaje dijo «el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional«. Hay cosas en la vida que no podemos elegir, pero podemos aprender a relacionarnos con ellas de otras formas. Siempre que quieras ganar calidad de vida, reducir el malestar y relacionarte contigo de una forma más saludable, siempre es buen momento para acudir a un profesional.
BIBLIOGRAFIA
Raich, R. M. (2000). Imagen corporal, conocer y valorar el propio cuerpo. Ed, Pirámide.





