Hola,
mi nombre es Alicia Manzano y soy Terapeuta y Coach Emocional, especializada en resolución de conflictos y facilitadora de Comunicación No Violenta (CNV).
Una de las cosas más desafiantes —y transformadoras— que me ha traído la práctica de la Comunicación No Violenta (CNV), es revisar cómo pido lo que necesito.
A simple vista, puede parecer una diferencia menor. ¿Qué más da si pido con suavidad o con algo más de insistencia? Pero en la práctica, he podido comprobar que la manera en que formulamos nuestras peticiones tiene un impacto directo en la calidad de nuestras relaciones.
Marshall Rosenberg, creador de la CNV, hace una distinción fundamental entre petición y exigencia. Y lo define con una claridad que me sigue tocando cada vez que lo leo:
“Podemos saber si lo que hacemos es una petición o una exigencia por la manera en que reaccionamos cuando la otra persona dice no.”
Esta frase me cayó como un jarro de agua fría la primera vez que la leí. Porque claro, ¿ qué hacía yo cuando alguien me decía que no? Me molestaba. Me cerraba. Recriminaba. Empezaba a hacerme pequeña o a retirarme emocionalmente. Es decir, castigos sutiles (o no tanto). En esos casos, por mucho que mis palabras sonaran dulces o razonables, lo cierto es que estaba exigiendo.
Puedes leer más sobre la diferencia entre petición y exigencia aquí.
El miedo disfrazado de cuidado.-
Recuerdo una situación con mi pareja en la que yo me sentía muy sobrecargada con la organización del día a día. Una noche, con toda la buena intención, le dije: “¿Podrías encargarte tú mañana de llevar a los niños al cole?” Pero cuando me contestó que tenía una reunión temprano y que le venía complicado, noté cómo me tensaba por dentro. Le solté un “claro, como siempre” con tono resignado. Esa no fue una petición. Fue una exigencia camuflada.
Y en el fondo, lo que había era miedo: miedo a no poder con todo, miedo a que no me cuidaran, miedo a que mis necesidades no importaran. Pero como no lo expresé desde ahí, lo que le llegó al otro fue juicio, exigencia y culpa.
La libertad del otro también importa.-
Una petición real —según la CNV— es aquella que deja espacio para que la otra persona diga que no, sin que eso ponga en peligro la conexión. Es una danza sutil entre expresar lo que necesito y respetar la libertad del otro. Y eso requiere mucha honestidad y presencia.
Pido algo porque es importante para mí, pero lo hago sin imponer, sin manipular, sin amenazar con castigos emocionales. ¿Fácil? No. ¿Valioso? Muchísimo.
Ejemplo cotidiano: mis hijas y la hora de recoger.-
Con mis hijas adolescentes, esto es terreno fértil para aprender. Durante un tiempo, cada tarde era un tira y afloja con el tema de recoger la cocina. Les decía: “¿Podéis dejar todo limpio después de cenar?” Pero claro, lo decía con cara seria, tono de madre cansada, y si no lo hacían, les soltaba un sermón sobre la responsabilidad.
Un día, después de practicar CNV, cambié la estrategia. Me senté con ellas y les dije:
—Para mí es importante que podamos repartir las tareas. Me canso mucho después de cocinar y me encantaría sentir que contamos como equipo. ¿Podéis hoy encargarse de la cocina después de cenar?
Me respondieron que sí, pero además, hubo algo diferente en el ambiente. Les dejé espacio. Les hablé de mí, no de lo que “tenían que hacer”. A veces dicen que no, y cuando eso ocurre, en lugar de entrar en guerra, intento expresar mi frustración de forma honesta, sin herir. También abro la posibilidad de negociar, de encontrar soluciones juntas. Y no siempre lo consigo, pero lo importante es el rumbo.
Lo que cambia cuando cambiamos la forma de pedir.-
He descubierto que cuando hago peticiones verdaderas, no solo me siento más en paz, sino que invito a los demás a conectar desde un lugar más humano. La otra persona no se siente atacada, ni manipulada, ni obligada. Y aunque a veces la respuesta sea “no”, hay algo que permanece: la relación, la confianza, la posibilidad de diálogo.
Pedir con honestidad y sin exigencias me ha ayudado a fortalecer mis vínculos. Porque al final, lo que busco no es solo que las cosas se hagan como quiero, sino sentirme vista, cuidada, en conexión. Y eso no lo consigo desde la exigencia, sino desde la empatía.
¿Y tú?.-
Te invito a preguntarte: ¿Cómo reaccionas cuando te dicen que no? ¿Puedes revisar alguna petición reciente y ver si, en realidad, estabas exigiendo?
A veces, solo hace falta un pequeño giro para cambiar toda la experiencia. Y si necesitas acompañamiento para practicarlo, estaré encantada de hacerlo contigo en sesiones individuales o en grupo. Porque esto no se trata de hacerlo perfecto, sino de seguir aprendiendo a relacionarnos con más conciencia, con más amor.
¿Quieres practicar esto en comunidad?.-
Si este tema te resuena y sientes que necesitas apoyo para diferenciar entre peticiones y exigencias en tu día a día, te invito a sumarte a nuestra Comunidad de Práctica de CNV. Durante todo el mes de abril y de mayo, seguiremos explorando, compartiendo experiencias reales y cultivando una forma de comunicarnos más honesta, empática y libre.
Las puertas están abiertas. No importa si nunca has practicado CNV o si ya llevas un camino recorrido: aquí tienes un espacio seguro para crecer, equivocarte, aprender y reconectar contigo y con los demás.
¿Te unes? Escríbeme para más información o para reservar tu plaza.
Gracias por leerme.
Alicia Manzano
www.aliciamanzano.com






