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Cuando la comunicación no depende solo de ti: CNV para las conversaciones en las que el otro no está disponible

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Alicia Manzano - Terapeuta emocional, Experta en Resolución de Conflictos y Facilitadora de Comunicación NoViolenta
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Hola,

mi nombre es Alicia Manzano y soy Terapeuta y Coach Emocional, especializada en resolución de conflictos y facilitadora de Comunicación No Violenta (CNV).

Hay algo que aprendemos cuando empezamos a practicar Comunicación No Violenta que puede resultar liberador y también profundamente incómodo: Yo puedo cambiar mi manera de comunicarme, pero no puedo decidir cómo va a comunicarse la otra persona.

Puedo aprender a observar sin juzgar, puedo reconocer lo que siento, puedo identificar mis necesidades, puedo expresar lo que me ocurre con honestidad, puedo hacer una petición clara, puedo escuchar con empatía, puedo dejar de atacar, de defenderme y de interpretar. Y, aun haciendo todo eso, puede ocurrir que la otra persona no quiera escucharme. Puede responder con un ataque, puede negar lo que estoy diciendo, puede interpretar mis palabras como una acusación, puede cerrar la conversación, puede decirme que no, puede no querer hablar.

Y entonces aparece una de las grandes preguntas que plantea la Comunicación No Violenta: ¿Qué hago cuando yo estoy intentando construir un puente y la otra persona no quiere cruzarlo?

La CNV no es una fórmula para conseguir que el otro cambie.

A veces, cuando comenzamos a practicar CNV, podemos caer sin darnos cuenta en una nueva estrategia de control. Aprendemos a hablar de sentimientos y necesidades y pensamos:

«Si consigo expresarme correctamente, la otra persona lo entenderá.»

«Si hago una buena petición, aceptará.»

«Si escucho suficientemente bien, dejará de estar enfadada.»

«Si utilizo CNV, conseguiremos llegar a un acuerdo.»

Pero esto no es necesariamente así. La CNV propone dos movimientos complementarios: la expresión honesta de lo que ocurre en mí y la escucha empática de lo que ocurre en el otro. También pone en el centro la conexión con un@ mism@ y la posibilidad de hacer peticiones sin convertirlas en exigencias.

Pero hay una palabra fundamental aquí: POSIBILIDAD. No garantía.

La CNV puede ofrecernos recursos para relacionarnos de otra manera, pero no convierte al otro en una persona disponible para el diálogo. Y aceptar esto es una parte muy profunda de la práctica.

Hay una parte de la conversación que sí depende de mí.

Cuando entro en una conversación difícil, hay muchas cosas que puedo revisar. Puedo preguntarme:

¿Qué ha ocurrido realmente?

¿Qué puedo observar si elimino de mi relato palabras como «siempre», «nunca», «eres», «me haces», «no te importa»?

Por ejemplo:

«Nunca me escuchas.»

puede transformarse en:

«Ayer, mientras te estaba contando lo que había ocurrido en el trabajo, empezaste a mirar el teléfono y dejamos la conversación.»

Eso me permite acercarme a lo sucedido sin añadir todavía la interpretación que mi mente ha construido. Después puedo preguntarme:

¿Qué estoy sintiendo?

Quizás estoy triste, frustrad@, enfadad@, asustad@, decepcionad@, sol@.

Y después:

¿Qué necesidad hay detrás?

Quizás necesito conexión, consideración, respeto, apoyo, seguridad, confianza, escucha o colaboración.

Y finalmente:

¿Qué quiero pedir?

No qué quiero obligar al otro a hacer. Qué quiero pedir.

La distinción es importante porque, en CNV, una petición está abierta a que la otra persona pueda responder también desde sus necesidades. Una petición concreta no es lo mismo que una exigencia. Hasta aquí, hay mucho que depende de mí. Pero después aparece el otro. Y ahí cambia todo.

¿Y si el otro no está dispuesto a escucharme?.

Imagina esta situación.

Llevas tiempo sintiéndote herid@ porque una amiga cancela continuamente los planes que hacéis junt@s. Decides hablarlo. Te preparas. No quieres reprocharle. No quieres decirle:

«Paso de ti porque nunca tienes tiempo para mí.»

Intentas hacerlo desde la CNV:

«Cuando en las últimas semanas hemos quedado tres veces y las tres veces se ha cancelado el encuentro, me siento triste y decepcionad@ porque necesito más reciprocidad y conexión en nuestras relaciones. Me gustaría saber cómo lo estás viviendo tú y si te apetece que busquemos otra manera de relacionarnos.»

Y ella responde:

«Madre mía, qué drama. Si no puedo quedar, no puedo quedar.»

¿Qué haces? Este es el momento en el que muchas personas que están aprendiendo CNV se quedan sin recursos, porque habían aprendido cómo hablar, pero no necesariamente habían aprendido qué hacer cuando el otro no recibe lo que estamos expresando.

La primera herramienta: dejar de intentar controlar el resultado.

Una pregunta puede ayudarnos muchísimo:

¿Estoy expresándome para conectar o estoy expresándome para conseguir que el otro haga lo que quiero?

Son dos cosas muy diferentes.

Puedo decir: «Me gustaría que entendieras cómo me siento.»

Pero si en el fondo significa: «Necesito que reconozcas que tengo razón.», la conversación cambia.

Puedo decir: «Quiero que escuches mis necesidades.»,

Pero si internamente significa: «Quiero que aceptes mis necesidades y actúes como yo considero adecuado.», también cambia.

La CNV nos invita a revisar precisamente esto: si estamos utilizando nuestra expresión para conectar o si nuestra petición se ha convertido en una exigencia disfrazada. El propio Centro de Comunicación No Violenta plantea como parte de esta práctica la disposición a escuchar un «no» y revisar si realmente estamos abiertos a él. Y esto puede ser difícil, porque escuchar un «no» no siempre significa que la otra persona no nos quiera, pero tampoco significa que tengamos que aceptar cualquier cosa.

Escuchar un «no» también forma parte de la CNV.

Quizás uno de los aprendizajes más importantes de la CNV sea este: La otra persona tiene derecho a decir que no. Y yo tengo derecho a sentir lo que siento ante ese no.

Imagina que haces esta petición a tu pareja:

«¿Estarías dispuest@ a que durante media hora esta noche dejáramos los móviles y habláramos tranquilamente?»

Y responde: «No. Hoy no quiero hablar.»

Podemos reaccionar automáticamente: «¡Claro! ¡Nunca quieres hablar de nada!»

O podemos hacer una pausa, respirar, sentir nuestra propia decepción y preguntarnos: ¿Qué necesito ahora?

Quizás necesito conexión, quizás seguridad, quizás claridad, quizás sentirme importante para la otra persona.

Y desde ahí podemos continuar:

«Vale. Me cuesta escuchar que hoy no quieras hablar porque para mí es importante sentir conexión contigo. ¿Podemos buscar otro momento que sí te venga bien?»

Eso también es CNV.

Y si vuelve a decir que no, aparece una información importante. No todo depende de cómo formulemos nuestra petición. A veces el otro sencillamente no está disponible.

Cuando el otro está a la defensiva.

Hay conversaciones en las que la otra persona ya llega preparada para defenderse. Tú dices:

«Me gustaría hablar de lo que pasó ayer.»

Y responde:

«Ya sé por dónde vas. Vas a echarme la culpa otra vez.»

Puede que todavía no hayas dicho nada, pero la otra persona ya está reaccionando a una historia que tiene sobre ti. ¿Qué podemos hacer?

Una opción es intentar demostrar que no somos culpables: «¡No! ¡No te estoy culpando!»

Y entonces comienza el clásico intercambio:

—No te estoy atacando.
—Sí me estás atacando.
—Pues tú siempre te pones a la defensiva.
—Porque siempre haces lo mismo.

Y acabamos exactamente donde no queríamos estar.

La CNV nos propone otra posibilidad: escuchar qué hay debajo de la reacción.

No significa estar de acuerdo. Significa intentar comprender.

Podríamos decir: «¿Te preocupa que esta conversación termine siendo otra vez una discusión?»

O: «¿Estás sintiendo que te estoy juzgando?»

O incluso: «Creo que no te apetece entrar ahora en esta conversación. ¿Es así?»

La escucha empática no consiste en solucionar, justificar o convencer. Consiste en intentar conectar con lo que puede estar viviendo la otra persona. Y, a veces, esa conexión desactiva parte de la defensa. Pero no siempre. Y esto también tenemos que poder sostenerlo.

Una herramienta fundamental: distinguir entre «no quiere» y «no puede».

Esta pregunta puede cambiar completamente nuestra manera de mirar una conversación:

¿La otra persona no quiere escucharme o, en este momento, no puede escucharme?

No es lo mismo. Quizás está demasiado enfadad@, quizás está agotad@, quizás tiene miedo, quizás la conversación toca una herida antigua, quizás se siente amenazad@, quizás necesita tiempo para procesar, quizás nunca aprendió a hablar de emociones o quizás, sencillamente, no quiere tener esa conversación.

No necesitamos diagnosticar cuál es la razón. Podemos preguntar.

«¿Ahora mismo no quieres hablar de esto o necesitas un poco de tiempo antes de hacerlo?»

Esta pregunta abre posibilidades, porque si la respuesta es: «Necesito tiempo.», podemos respetarlo.

Y si la respuesta es: «No quiero hablar de esto.», también tenemos información. Y entonces podemos decidir qué hacer nosotr@s con esa información.

Cuando insistir deja de ser conexión.

Hay una línea muy fina entre persistir en algo importante y presionar al otro para que participe en una conversación que no quiere tener.

A veces pensamos: «Tengo que conseguir que hablemos.»

Pero quizá la pregunta sea otra: «¿Qué puedo hacer yo con el hecho de que no quiere hablar?»

Podemos decir: «Entiendo que ahora no quieras hablar. Para mí este tema es importante y me gustaría retomarlo. ¿Te parece que lo intentemos mañana?»

Eso es diferente de: «No te vas a ir hasta que solucionemos esto.»

La primera opción deja espacio. La segunda elimina la posibilidad de elección. Y cuando desaparece la posibilidad de elección, es fácil que una petición se convierta en exigencia.

La pausa también es una herramienta de CNV.

Hay momentos en los que la conversación ya no está siendo una conversación. Se ha convertido en una batalla. Un@ habla, el otro responde, un@ se defiende y el otro contraataca. Y cada frase añade más combustible.

En esos momentos, continuar hablando no siempre es comunicarse. A veces la comunicación más cuidadosa es parar.

Podemos decir:

«Ahora mismo estoy demasiado activad@ y noto que ya no estoy pudiendo escucharte. No quiero seguir desde este lugar. Necesito parar y retomarlo cuando pueda estar más disponible.»

Esto no es huir. No necesariamente es evitar. Puede ser una forma de cuidar la conversación.

La CNV contempla la autoempatía precisamente como una práctica para volver a conectar con nuestras necesidades cuando estamos demasiado activad@s para escuchar con apertura.

Y si el otro sigue atacando, ¿qué hago?.

Esta es una de las situaciones más difíciles. Tú intentas expresarte:

«Cuando escucho eso, me siento muy dolid@ porque necesito respeto.»

Y la otra persona responde: «¡Pues deja de hacerte la víctima!»

Aquí podemos caer en dos extremos.

Primer extremo: atacar de vuelta.

«¡La víctima eres tú!»

Segundo extremo: aguantarlo todo porque queremos ser «muy CNV».

«Tengo que escucharle con empatía aunque me esté hablando así.»

No. La CNV no significa permitir cualquier forma de trato. Puedes comprender lo que hay detrás de la reacción del otro y, al mismo tiempo, poner un límite.

Por ejemplo:

«Quiero escucharte y quiero entender lo que necesitas, pero no quiero continuar esta conversación si nos hablamos desde los insultos. Si quieres, podemos retomarla cuando podamos hacerlo de otra manera.»

Eso también es comunicación. Empatía hacia el otro no significa abandono de mí mism@.

Hay conversaciones que no podemos transformar nosotr@s sol@s.

Esta quizá sea una de las partes más importantes de todo este artículo. A veces hacemos un trabajo enorme sobre nosotr@s mism@s. Aprendemos CNV, hacemos terapia, leemos, reflexionamos, intentamos comprender, practicamos empatía y pensamos:

«Ahora sí. Ahora podré arreglar esta relación.»

Pero una relación no está formada por una sola persona. La comunicación es relacional. Yo puedo transformar mi parte, pero no puedo hacer por dos personas el trabajo de dos personas.

Puedo dejar de gritar, pero no puedo conseguir que el otro deje de gritar.

Puedo escuchar, pero no puedo obligar al otro a escuchar.

Puedo expresar mis necesidades, pero no puedo hacer que al otro le importe satisfacerlas.

Puedo hacer una petición, pero no puedo convertirla en una elección libre si necesito que necesariamente diga que sí.

Y aceptar esto puede producir tristeza, porque a veces lo que necesitamos no es otra herramienta de comunicación. Necesitamos aceptar una realidad que no podemos cambiar.

Entonces, ¿qué me queda cuando el otro no cambia?.

Nos queda mucho. Nos queda elegir cómo queremos estar nosotr@s. Nos queda poner límites. Nos queda decidir qué conversaciones queremos seguir teniendo. Nos queda decidir qué necesidades son negociables y cuáles no. Nos queda buscar otras estrategias para cuidar nuestras necesidades. Nos queda pedir ayuda. Nos queda alejarnos temporalmente. Nos queda tomar distancia de una relación cuando determinados patrones se mantienen. Nos queda aceptar un «no».Nos queda hacer duelo por aquello que deseábamos que fuera y no es.

Y nos queda una pregunta especialmente poderosa: ¿Cómo quiero relacionarme yo con esta situación, aunque no pueda controlar la respuesta del otro?

Ahí recuperamos nuestra capacidad de elección.

Una práctica de CNV para esas conversaciones en las que el otro no está disponible.

La próxima vez que tengas una conversación difícil, antes de intentar hablar con la otra persona, escribe estas siete preguntas:

  1. ¿Qué ha ocurrido?

Describe únicamente lo que una cámara podría registrar, sin «es un egoísta», sin «no le importo», sin «siempre hace lo mismo».

¿Qué ocurrió concretamente?

  1. ¿Qué estoy sintiendo?

No qué pienso sobre el otro.

¿Qué siento yo?

  1. ¿Qué necesito?

¿Qué necesidad está viva en mí?

Conexión, respeto, seguridad, consideración, autonomía, confianza, apoyo, claridad…

  1. ¿Qué quiero pedir?

Hazlo concreto.

No: «Quiero que cambies.»

Sí: «¿Estarías dispuest@ a hablar conmigo durante veinte minutos esta tarde?»

  1. ¿Estoy preparad@ para escuchar un no?

Esta pregunta es esencial, porque si la respuesta es «no», quizá todavía no estoy haciendo una petición. quizá estoy intentando conseguir que el otro haga algo.

  1. Si dice que no, ¿qué haré yo?

Esta pregunta devuelve el poder a mi lado de la relación. Si no acepta mi petición, ¿qué otra estrategia puedo buscar para cuidar mi necesidad?

  1. ¿Cuál es mi límite?

No como amenaza, sino como claridad.

«Si esta conversación continúa con insultos, voy a parar y retomarla otro día.»

«Si no podemos hablar de este tema, necesitaré decidir cómo quiero relacionarme con esta situación.»

«Si esta necesidad no puede ser atendida dentro de esta relación, tendré que buscar otras formas de cuidarla.»

La CNV no busca que tod@s estemos de acuerdo.

Quizás este sea uno de los grandes malentendidos sobre la Comunicación No Violenta.

Conectar no significa coincidir.

Escuchar no significa aceptar.

Comprender no significa justificar.

Validar que alguien está sintiendo algo no significa estar de acuerdo con su interpretación.

Y expresar mis necesidades no significa que el otro tenga la obligación de satisfacerlas.

La CNV busca algo más profundo: que podamos permanecer conectad@s con nuestra humanidad incluso cuando no coincidimos.

Y eso incluye poder decir:

«Te entiendo y sigo diciendo que no.»

«Puedo comprender que necesites esto y yo necesito otra cosa.»

«No estoy de acuerdo contigo.»

«Ahora no puedo.»

«No quiero.»

«Necesito distancia.»

Y también:

«Me duele que digas que no.»

Todo esto puede formar parte de una comunicación consciente.

Quizás la conversación que necesitas transformar no sea la que tienes con el otro.

A veces pensamos que necesitamos encontrar las palabras perfectas, la frase perfecta, la manera correcta de explicarnos, el argumento definitivo, pero quizá el verdadero cambio esté en otra parte. En poder entrar en una conversación sin necesitar controlar el resultado. En poder decir lo que es verdad para mí sin convertirlo en una acusación. En poder escuchar un «no» sin convertirlo inmediatamente en «no me quieres». En poder escuchar una crítica sin convertirla automáticamente en una verdad sobre mí. En poder poner un límite sin castigar. En poder retirarme sin abandonar. En poder quedarme sin someterme. En poder aceptar que hay conversaciones que necesitan a dos personas disponibles.

Porque una conversación puede iniciarla una persona, pero una relación se construye entre dos.

Cuando la CNV deja de ser una técnica y se convierte en una forma de estar.

Esta es, para mí, una de las partes más bonitas de la Comunicación No Violenta.

No se trata solamente de aprender a decir:

«Cuando ocurre esto, me siento así porque necesito esto. ¿Estarías dispuest@ a…?»

Se trata de desarrollar una mirada diferente. Una mirada que pueda preguntarse:

¿Qué está pasando en mí?

¿Qué puede estar pasando en ti?

¿Qué necesitamos los dos?

¿Qué puedo elegir yo ahora?

Y, al mismo tiempo:

¿Qué no está bajo mi control?

Porque quizá una de las formas más profundas de practicar CNV sea dejar de intentar hacerlo todo bien para que el otro cambie. Y empezar a preguntarnos:

«¿Cómo puedo estar yo en esta conversación de una manera que sea coherente con la persona que quiero ser?»

Aunque el otro diga que no. Aunque no me comprenda. Aunque no esté preparad@. Aunque la conversación no termine como yo esperaba.

Porque ahí descubrimos algo esencial: La CNV no nos permite controlar las conversaciones. Nos ayuda a habitarlas de otra manera. Y a veces eso transforma la relación. A veces transforma la conversación. Y otras veces, aunque la conversación no pueda transformarse, nos transforma a nosotr@s frente a aquello que estamos viviendo.

Y eso también es Comunicación No Violenta.

Muchas gracias por leerme.

Si quieres practicar y saber más sobre la CNV, te dejo por aquí los enlaces de los dos libros de CNV que puedes adquirir desde el mismo enlace:

  • Teoría CNV: Comprender la Comunicación No Violenta (CNV)
  • Práctica CNV: 7 semanas para transformar tu comunicación

Y si quieres hacer un trabajo más continuado y en una Comunidad de Prácticas de CNV, puedes contactar conmigo pinchando aquí y te informo.

De nuevo gracias por dedicar tu tiempo a leerme.

Alicia Manzano

www.aliciamanzano.com

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Alicia Manzano – Terapeuta emocional, Experta en Resolución de Conflictos y Facilitadora de Comunicación NoViolenta

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Alicia Manzano - Terapeuta emocional, Experta en Resolución de Conflictos y Facilitadora de Comunicación NoViolenta

Mi enfoque de trabajo parte desde una visión integral del ser humano. Somos seres emocionales y esas emociones, repercuten en nuestra salud, física y mental. El saber conocer y gestionar esa parte emocional es algo que no nos han enseñado ni la mayoría de nosotr@s hemos aprendido a hacer. Soy madre de tres maravillosas personas […] Ver más

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