Hola,
mi nombre es Alicia Manzano y soy Terapeuta y Coach Emocional, especializada en resolución de Conflictos y Facilitadora de Comunicación No Violenta.
Llevo más de 20 años trabajando con grupos y personas de forma personalizada, el conflicto a través de la Comunicación No Violenta (CNV). Soy Facilitadora de grupos de Prácticas de CNV, donde trabajamos de una forma práctica todos los conflictos que suelen ocurrirnos en el día a día, en nuestro cotidiano (familia, pareja, trabajo,….).
En la Comunidad de Prácticas actualmente, estamos explorando algo que suele pasar desapercibido: hay conflictos que no tienen que ver con “expresarse mejor” o “escuchar más”, sino con algo mucho más profundo.
No es un problema de palabras.
Es un conflicto de identidad.
Y cuando el conflicto toca la identidad, la intensidad emocional aumenta, el sistema nervioso se activa con más fuerza y el diálogo se vuelve mucho más difícil.
Porque ya no estamos defendiendo una idea.
Estamos defendiendo quién creemos que somos.
¿Qué es un conflicto de identidad?.
Un conflicto de identidad aparece cuando lo que está en juego no es solo una opinión, una conducta o una necesidad puntual, sino la imagen que tenemos de nosotr@s mism@s.
Algunos ejemplos muy comunes:
-
“Si pongo este límite, ¿seguiré siendo una buena hija?”
-
“Si priorizo mi descanso, ¿dejaré de ser responsable?”
-
“Si no estoy de acuerdo, ¿dejarán de quererme?”
-
“Si cambio, ¿quién soy entonces?”
Aquí el conflicto no es solo externo. Es interno. Y muchas veces silencioso.
Desde la Comunicación No Violenta (CNV), entendemos que detrás de estas tensiones hay necesidades muy profundas relacionadas con:
-
pertenencia
-
coherencia
-
reconocimiento
-
autenticidad
-
seguridad
-
dignidad
Cuando estas necesidades chocan entre sí, aparece el conflicto identitario.
Cuando el conflicto no es con el otro, sino conmigo.
Una de las cosas que más estamos viendo en la Comunidad es que muchas veces el conflicto no es realmente con otra persona.
Es una lucha interna entre partes.
Una parte quiere expresar lo que siente.
Otra parte quiere mantener la armonía.
Una parte desea autonomía.
Otra necesita aprobación.
Y ambas partes tienen sentido.
Desde fuera puede parecer indecisión o inseguridad.
Por dentro es una tensión real entre identidades construidas a lo largo de años.
La identidad como construcción aprendida.
Nuestra identidad no nace con nosotr@s. Se va formando a partir de mensajes explícitos e implícitos:
-
“Tú eres la/el fuerte.”
-
“Eres la/el responsable.”
-
“Eres la/el que no da problemas.”
-
“Eres la/el que cuida.”
-
“Eres la/el independiente.”
Con el tiempo, estas etiquetas dejan de ser descripciones y se convierten en mandatos.
Y cuando una situación actual nos invita a actuar de forma diferente, el sistema interno se alarma.
No solo estamos tomando una decisión.
Estamos cuestionando una identidad.
Por qué estos conflictos activan tanto el sistema nervioso.
Cuando la identidad se siente amenazada, el sistema nervioso lo vive como un peligro relacional.
Porque, evolutivamente, pertenecer era supervivencia.
Si al cambiar corro el riesgo de perder el vínculo, mi cuerpo reacciona.
Por eso estos conflictos se sienten tan intensos. No estamos discutiendo sobre tareas domésticas o sobre horarios. Estamos tocando la pertenencia, el amor, el lugar que ocupamos en el sistema familiar o social.
Cómo acompañar los conflictos de identidad desde la CNV.
La CNV nos ofrece una vía muy concreta para trabajar estos conflictos:
1. Separar conducta de identidad.
No soy “mala hija” por poner un límite.
Estoy eligiendo una estrategia para cuidar una necesidad.
Este cambio es profundo.
2. Identificar las necesidades en tensión.
Por ejemplo:
-
Necesito autonomía.
-
Necesito pertenencia.
Ambas son legítimas. El conflicto no está en la necesidad, sino en las estrategias para satisfacerla.
3. Dar espacio a todas las partes internas.
En lugar de eliminar una parte (“debería dejar de necesitar aprobación”), podemos escucharla.
¿Qué intenta proteger?
¿De qué tiene miedo?
Cuando todas las partes son escuchadas, el sistema se regula.
4. Ampliar la identidad.
Quizá no tengo que elegir entre ser autónoma o pertenecer.
Quizá puedo empezar a construir una identidad más amplia, donde ambas dimensiones convivan.
Un ejemplo real.
En una de las Comunidades, trabajamos el caso de una mujer que quería cambiar de rumbo profesional.
Su conflicto no era solo económico. Era identitario.
Siempre había sido “la estable”, “la que no arriesga”, “la que sostiene”. Cambiar implicaba dejar de encajar en esa imagen familiar.
Al trabajar desde CNV, apareció algo clave:
“Necesito coherencia con quien soy hoy, no con quien fui hace diez años.”
El conflicto dejó de ser “¿cambio o no cambio?” y pasó a ser:
“¿Cómo puedo honrar mi evolución sin romper el vínculo?”
Ese matiz lo transforma todo.
El conflicto como puerta de evolución.
Los conflictos de identidad son incómodos, sí.
Pero también son señales de crecimiento.
Cada vez que algo dentro de ti entra en tensión, puede que no estés fracasando. Puede que estés cambiando.
Y cambiar implica dejar morir versiones antiguas de nosotr@s mism@s.
Eso da miedo.
Pero también libera.
No todos los conflictos se resuelven hablando mejor.
Algunos se transforman comprendiendo quién creemos que debemos ser y quién estamos empezando a ser.
Cuando miramos el conflicto desde la identidad y lo trabajamos con Comunicación No Violenta, no solo resolvemos tensiones externas.
Nos reconciliamos con nuestras partes internas.
Y desde ahí, la comunicación deja de ser una técnica.
Se convierte en coherencia.
Si te ha resonado esto que te he contado en este artículo y quieres saber más, puedes ponerte en contacto conmigo, directamente pinchando aquí.
Gracias por leerme.
Alicia Manzano
www.aliciamanzano.com






