Hoy os traigo un pequeño cuento, que habla de una niña de 10 años y de cómo la comunicación empática puede llegar a resolver conflictos y que todos estemos mejor.
Espero que os guste:
Había una vez en una pequeña escuela, una niña llamada Violeta, de diez años de edad. Violeta era una niña amable y cariñosa, pero a veces se sentía insegura y tenía dificultades para comunicarse con sus compañeros de clase. Un día, durante el recreo, Violeta se encontró en medio de un malentendido con su compañero Mateo. Mateo había cogido el lápiz de Violeta sin pedirle permiso, lo que hizo que Violeta se sintiera molesta y enfadada.
¿Quién no ha vivido una situación parecida alguna vez, tanto de pequeño como de más adulto?
Violeta se enfado mucho, porque Mateo no le había preguntado. Aún así, respiró y decidió hablar con Mateo para resolver el problema, pero estaba nerviosa. Temía que Mateo no la entendiera o que se enojara más. Sin embargo, recordó algo que su mamá siempre le decía: «La comunicación es importante para resolver los problemas. No tengas miedo de decir nunca lo que sientes. Cuando estés enfadada RESPIRA».
Con ese pensamiento en mente, Violeta respiró profundamente y se acercó a Mateo con calma. En lugar de acusarlo, (que es lo que solemos hacer con la otra persona cuando estamos enfadados), Violeta le explicó cómo se había sentido cuando Mateo tomó su lápiz sin permiso. Mateo se sorprendió al escuchar esto, ya que nunca había imaginado que el haber cogido el lápiz sin preguntarle, pudiera haber herido los sentimientos de Violeta y haberla hecho sentir tan mal.
Mateo se disculpó sinceramente y prometió no volver a coger nada sin permiso y que siempre le preguntaría antes. Violeta, al ver la actitud comprensiva de Mateo, también decidió perdonarlo. Juntos, llegaron a un acuerdo para comunicarse mejor en el futuro y para respetar los sentimientos de los dos. Y entre ellos creció a partir de entonces una gran amistad.
Después de resolver su conflicto, Violeta reflexionó sobre lo importante que es comunicarnos de manera empática y respetuosa y se acordó y agradeció mucho a su madre el consejo que siempre le dada. Ahora se daba cuenta de lo valioso que era, aunque muchas veces no la había querido escuchar.
Se dio cuenta de que expresar sus sentimientos de manera honesta y escuchar los sentimientos de los demás podía llevar a soluciones pacíficas y positivas y esto le hacía sentirse muy bien.
La moraleja de esta historia es que, al igual que Violeta y Mateo, todos podemos beneficiarnos de comunicarnos con empatía y respeto. Al expresar nuestros sentimientos de manera honesta y escuchar atentamente a los demás, podemos resolver conflictos y fortalecer nuestras relaciones.
Espero que esta pequeña historia os sirva para poder ver que es importante conectar con nuestros sentimientos y comunicarnos de forma empática cuando tenemos un conflicto. Los conflictos aparecen, no los elegimos, forman parte de nuestra vida. Saber lidiar con ellos es una habilidad que debemos aprender y dominar. Por nuestra salud y nuestro bienestar.
¡Recuerda, cuidar de ti mismo también implica cuidar de tus relaciones con los demás!
Alicia Manzano
www.aliciamanzano.com






