¿Te ayudas a ti mismo/a tanto como ayudas a los demás?

¿Cuántas veces te has planteado dejar de ayudar a los demás para empezar a ayudarte más a ti mismo? O ¿quizás te han dicho que tienes que dejar de pensar menos en los demás para preocuparte más en ti?

¿Es posible que en muchas ocasiones estés escuchando los problemas de un amigo o de un familiar y a la vez, estás dándote cuenta que tienes los tuyos por resolver?

Cuando nos piden demasiados favores y accedemos a hacerlos

Hay personas que, de forma casi involuntaria,  ayudamos a los que tenemos al lado. Es muy curioso, la verdad, ver qué pasa con esa actitud altruista, sin pedir nada cambio. Luego, más tarde, y luego cuando intentas tú pedir algún favor o que simplemente que te escuchen, las cosas no son tan fáciles. Muchas veces la respuesta es:

  • O bien no tienen tiempo
  • o bien te das cuenta que, a medida que hablas escuchan sin concentrarse mucho en lo que dices (la otra persona está pensando en su respuesta o en cosas que le han pasado similares a ella)

Vamos a ver por qué pasa esto.

Continuamente estamos en un flujo de dar y recibir

Ese “dar y recibir” es totalmente subjetivo en las relaciones.

Hay relaciones que no son tan subjetivas, p.ej. en un contrato laboral, donde quedan por escritas las condiciones de lo que “se da y lo  que se recibe”.

Sin embargo, en las relaciones humanas no hay contratos escritos, simplemente surgen por el motivo que sea, la relación (compañeros de trabajo, familiar, amistades, etc.).

Hay personas con las que notas que la relación está de alguna manera equilibrada, es decir, los esfuerzos que hace una y otra persona son similares y la convivencia es agradable.

Hay otras personas en las que no está tan claro este equilibrio. Relaciones en las que tienes la impresión que das y te esfuerzas más que la otra persona. Esa otra persona suele estar en una actitud de pedir o exigir, de forma más o menos abierta o encubierta a veces.

Ejemplos de desequilibrios en la balanza interna

Primer ejemplo:

El caso de las personas que te dicen, “me iría bien que alguien me ayudara con el ordenador“, cuando lo que te están diciendo es “¿me puedes ayudar con este tema de informática?“,  sin hacer la petición de forma directa. Uno, fácilmente se ofrece a esa ayuda. Y la otra persona queda como si en realidad, no hubiera pedido nada, sino que se ha encontrado a alguien que se ha ofrecido a ayudarla, como “caído del cielo” (cuando sabía bien con quién hacer el comentario “inocente”).

El cambio de parecer es sutil e importante a la vez. Si actuamos de buena fe, por nuestra personalidad, por nuestra forma de ser, nos encontramos que hay un montón de personas alrededor nuestro que nos pide ayuda. Si no ponemos freno, podemos tener la balanza interna del dar y recibir en negativo en el recibir, como decíamos al principio.

Segundo ejemplo:

Cuando hay un conflicto importante de pareja observamos que cada persona tiene su propio sistema de balanza que no queda compensada por la relación. Puede ser que uno diga: “yo me esfuerzo mucho en ir a comprar y en la casa, pero no tienes tiempo para salir juntos“, desequilibrio. Y la pareja diga: “yo me esfuerzo mucho trabajando para que haya dinero y al llegar a casa no tengo tiempo para mis aficiones“. Cada cual vive a su manera su balanza interna y muestra los desequilibrios a su pareja. Faltará hablar para compaginarlos y poder ayudarse mutuamente a que haya menos diferencias entre lo que se da y lo que se obtiene de la relación y la convivencia.

En todas estas situaciones para cuidarnos y ayudarnos, podemos hacer dos cosas:

  • identificar las relaciones personales en las que la balanza interior no esté equilibrada.
  • buscar salidas a esas mismas situaciones. Una podría ser el  intentar no ofrecer nuestra ayuda tan fácilmente; otra, el dar soluciones indirectas (“ya te pasaré un tutorial de youtube“) en vez de ponernos nosotros mismos manos a la obra.

Es importante emplear un tiempo en ayudarnos a nosotros mismos con estas sencillas tareas. En caso contrario, nos podemos encontrar fácilmente agotados, con un montón de gente encantada con nosotros y con temas pendientes -incluso importantes- por hacer que no los tenemos resueltos.

Por último, a destacar el hecho que si eres una persona de Alta Sensibilidad, si no estás seguro/a de serlo, en este artículo escribí las características de una PAS, siendo así estás aún mucho más expuesta y sensible a todos estos temas. Por lo que mi recomendación es dedicar tiempo a equilibrar tu balanza interna.

Si te ha gustado este contenido, me gustaría saber tu opinión en los comentarios.

Además, comparto mi experiencia, como psicólogo y PAS, y recursos de mucha utilidad, en mi web: siemprequiseestudiarpsicologia.com  y también en mi página profesional en Facebook: Joan Contreras Psicoterapeuta.

Te invito a visitar mis canales de difusión, donde además comparto mis charlas y talleres (Calendario de actividades).

Si deseas tener este contenido a la mano, puedes descargarte este artículo en Pdf aquí.



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