Los cuatro sentidos cognitivos y sociales: el encuentro con el otro
En los dos artículos anteriores hemos visto cómo los sentidos básicos permiten al niño construir una relación segura con su propio cuerpo y cómo los sentidos emocionales le ayudan a descubrir y experimentar el mundo que le rodea.
Sobre estas bases comienzan a desarrollarse los sentidos cognitivos y sociales: el oído, el sentido del lenguaje, el sentido del pensamiento ajeno y el sentido del yo ajeno.
Gracias a ellos no solo escuchamos palabras o percibimos sonidos. Aprendemos a comprender a otras personas, a captar lo que sienten, a entender sus ideas y, finalmente, a reconocer la individualidad de cada ser humano.
Según Rudolf Steiner, estos sentidos representan el grado más elevado del desarrollo sensorial y solo pueden madurar plenamente cuando los sentidos básicos se han desarrollado de forma saludable (Steiner, 1998; Aeppli, 2015).
1. El sentido del oído
El oído nos permite percibir los sonidos del mundo que nos rodea. Sin embargo, escuchar va mucho más allá de oír. Mientras que oír es una capacidad fisiológica, escuchar implica atención, presencia e interés por aquello que el otro quiere comunicar.
Con el tiempo, este sentido se transforma en la capacidad de escuchar verdaderamente a los demás, favoreciendo la atención, la comunicación y la convivencia.
Podemos cultivarlo reduciendo la contaminación acústica del ambiente, evitando un exceso de ruido constante y ofreciendo experiencias sonoras de calidad: canciones, música interpretada con instrumentos reales, cuentos narrados, rimas y momentos de silencio. Hablar despacio, con una buena articulación y un tono sereno también ayuda al niño a desarrollar este sentido.
2. El sentido del lenguaje
El sentido del lenguaje nos permite comprender mucho más que el significado de las palabras. Gracias a él percibimos el ritmo, la entonación, los gestos y la intención con la que alguien se expresa.
Con el paso del tiempo, esta capacidad se transforma en una comunicación auténtica y en la posibilidad de comprender el sentido profundo del lenguaje humano.
Este sentido se cultiva ofreciendo un lenguaje rico, verdadero y respetuoso. Del mismo modo, la autenticidad del adulto, tanto en sus palabras como en su manera de expresarse, constituye el mejor modelo para el niño.
3. El sentido del pensamiento ajeno
Más allá de las palabras, este sentido nos permite comprender las ideas y los pensamientos de otra persona. Es la capacidad de captar el significado de lo que el otro quiere transmitir y comprender su manera de ver el mundo.
Cuando madura adecuadamente, favorece el pensamiento flexible, la comprensión y la capacidad de ponerse en el lugar del otro sin perder el propio criterio.
Se cultiva viviendo experiencias llenas de sentido, favoreciendo conversaciones donde el niño pueda descubrir la relación entre las cosas y, sobre todo, acompañándolo con adultos que piensan con claridad, autenticidad y coherencia.
4. El sentido del yo ajeno
Este es el sentido más elevado de los doce. Gracias a él podemos reconocer al otro como un ser único, diferente de nosotros, con su propia historia, sus pensamientos y su manera de estar en el mundo.
Cuando este sentido se desarrolla plenamente, hace posible la empatía, el respeto profundo y el encuentro auténtico entre las personas.
Podemos cultivarlo ofreciendo al niño relaciones humanas verdaderas. El comportamiento respetuoso entre los adultos, el cuidado de otros seres vivos, las amistades sinceras y la posibilidad de convivir con personas reales son experiencias que ayudan al niño a descubrir el valor de cada individuo.
Educar los sentidos superiores
Los sentidos cognitivos y sociales no se desarrollan mediante ejercicios intelectuales, sino principalmente en el encuentro con otras personas.
Como señala Wilhelm Aeppli, el niño aprende a escuchar escuchando, aprende a hablar conversando y aprende a comprender al otro viviendo relaciones auténticas.
En este sentido, la presencia del adulto vuelve a ocupar un lugar fundamental. Su manera de escuchar, de hablar, de pensar y de relacionarse con los demás constituye el verdadero alimento para estos sentidos.
En palabras de la Pedagogía Waldorf, el niño educa sus sentidos superiores en contacto con otros seres humanos. Según sean los adultos que le rodean, así irá formándose su capacidad para comprender, comunicarse y encontrarse con los demás.
Bibliografía para profundizar
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Aeppli, W. (2015). La teoría de los sentidos de Rudolf Steiner aplicada a la educación (5.ª ed.). Editorial Pau de Damasc.
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Bueno, D. (2017). Neurociencia para educadores. Octaedro.
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Castellanos, N. (2021). Neurociencia del cuerpo. Kairós.
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McAllen, A. (1974). The Extra Lesson. Hawthorn Press.
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Steiner, R. (1998). El estudio del hombre como base de la pedagogía. Editorial Rudolf Steiner.




