Cada día repetimos muchas acciones casi sin pensar: nos cepillamos los dientes, consultamos continuamente el móvil, seguimos la misma ruta para ir y volver del trabajo, etc… Lo que quizá no nos paramos a pensar es que con cada repetición, no sólo reforzamos un hábito, sino que también vamos modificando nuestro cerebro.
El cerebro busca la eficiencia
Cuando repetimos una misma conducta una y otra vez, el cerebro detecta que esa acción que se produce con frecuencia parece importante y empieza a optimizarla. Es decir, construye circuitos neuronales cada vez más eficientes para que esa tarea requiera menos atención y menos esfuerzo consciente.
Con el tiempo y la constancia realizamos actividades de forma automática: caminar, escribir nuestro nombre, conducir o atarnos los cordones, etc…
Automatizar comportamientos es una gran ventaja de nuestro cerebro porque nos permite poner la atención para aquello que realmente es nuevo y complejo.
Cuando estamos aprendiendo a conducir ponemos la atención en muchas variables: el embrague, las marchas, los espejos, los peatones, los semáforos… nos parece imposible que vayamos a lograrlo, verdad? En cambio después de algunos meses de práctica, ya lo podemos hacer sin esfuerzo y lo automatizamos. El cerebro no deja de trabajar, al contrario, ha aprendido tan bien, que la acción ya puede ejecutarla con una gran eficiencia y casi inconscientemente para nosotros.
Un hábito no es más que un aprendizaje que el cerebro ha repetido tantas veces que ya no necesita pensar para ponerlo en marcha.
La plasticidad cerebral y el aprendizaje
El cerebro aprende a través del error. Cuando el resultado no coincide con lo que esperaba, utiliza esa experiencia para reorganizar sus conexiones neuronales y mejorar la respuesta en el siguiente intento.
Al principio de crear un nuevo hábito, aparecen errores y dificultades, fluctuar en el intento, un día lo hacemos bien, el siguiente no. En ocasiones eso lo interpretamos como fracaso, pero para nuestro cerebro forma parte del proceso de aprendizaje. Cada repetición fortalece nuevas conexiones neuronales que establecerán el camino hasta convertirse en el hábito que queremos incorporar.
Cambiar un hábito no consiste en hacerlo perfecto desde el primer día, sino en ofrecerle al cerebro suficientes oportunidades para que aprenda un camino diferente.
La capacidad de aprendizaje y adaptación de nuestro cerebro es precisamente el principio en el que se basa el Neurofeedback: ofrecer al cerebro información sobre su propia actividad para que pueda reconocer sus patrones y favorecer procesos de autorregulación.
Del mismo modo que aprendemos una nueva habilidad a través de la práctica y la retroalimentación, el cerebro también puede aprender sobre su propio funcionamiento.




